martes, 7 de enero de 2020

NUEVA MIRADA SOBRE ALGUNOS RELIEVES PRERROMANOS DE OSUNA

     En la recién publicada última entrega de Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna (nº 21, diciembre de 2019, pp. 71-79) se recoge nuestro artículo "Representaciones anicónicas y geométricas en los relieves de Osuna", sobre una diferente perspectiva respecto de algunos de los relieves que dieron a conocer los arqueólogos Arthur Engel y Pierre Paris, hace ya más de un siglo a principios del siglo pasado, tras sus investigaciones de campo en la villa sevillana de Osuna. El trabajo incide en algunos de esos relieves, cuyas particularidades permiten una diferente interpretación de lo que ha venido siendo la tradicional lectura de los mismos. En concreto, se ha podido avanzar en la adjudicación cronológica de alguna de esas piedras esculturales, al tiempo que de su interpretación ha podido derivarse alguna utilidad estructural, en ciertos casos de elementos constructivos que no han sabido entenderse correctamente desde que se descubrieron. Pero este trabajo no debe verse como un acercamiento definitivo, sino que ha de entenderse como un primer avance en torno a una problemática histórico-arqueológica a la que habrá que dedicar un mayor espacio de debate en futuras fechas y en otros espacios editoriales.


viernes, 27 de diciembre de 2019

VIGÉSIMA PRIMERA ENTREGA DE CUADERNOS DE LOS AMIGOS DE LOS MUSEOS DE OSUNA

1. Un momento del acto celebrado en la nave central de la Colegiata de Osuna.

     En el encuentro anual de Amigos de los Museos de Osuna, oficializado por el Director-Conservador del Patronato de Arte de Osuna, don Patricio Rodríguez-Buzón Calle, tuvo lugar el pasado 22 de diciembre la pública presentación de la revista Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna (diciembre de 2019, nº 21). El acto contó con la presencia del director de la publicación, don José María Rodríguez-Buzón Calle, quien hizo la laudatio del último galardonado con el «Premio Manuel Rodríguez-Buzón», que en esta ocasión ha recaído en el doctor don José Luis Romero Torres, historiador del arte, comisario de varias exposiciones de arte barroco y cataloguista de algunas importantes obras plásticas de esa época conservadas en el rico patrimonio histórico-artístico ursaonense. El acto también contó con la asistencia del primer teniente de alcalde de la corporación municipal, como representante de la presidencia del Ayuntamiento local en el propio Patronato de Arte, don Juan Antonio Jiménez Pinto, quien desgranó importantes proyectos patrimoniales para un futuro próximo, como la investigación del antiguo castillo de la villa y la recuperación de la escalera renacentista que hubo delante de la puerta principal de la Colegiata (http://japr5.blogspot.com/2017/12/las-escalinatas-monumentales-que.html).
     Igualmente, la reunión contó con la presencia de otro distinguido asociado, el actual Director General de Patrimonio Histórico y Documental, don Miguel Ángel Arauz Rivero, quien felicitó la labor desarrollada por el Patronato y su activo brazo, la Asociación de Amigos, ofreciendo la factible colaboración de su departamento en cuantos proyectos patrimoniales surgieran desde el ámbito de responsabilidad de esas entidades.

2. Portada del nuevo número de Cuadernos de Amigos de los Museos.

     El contenido de la revista gira en los habituales ámbitos de estudio: Filosofía, Historia, Literatura y Patrimonio, a lo que habría que añadir una aportación dedicada en profundidad a la Música, que en esta ocasión, sustituye a la que en la anterior entrega se dedicó a la Geografía. El grado de importancia que se le concede a cada una de esas áreas, queda reflejada en la siguiente gráfica:

3. Relación porcentual de las temáticas tratadas en la revista.

     El detalle del contenido puede seguirse con mayor precisión de la lectura del sumario de la publicación, donde encontramos estructurados por temas cada una de las aportaciones que han podido reunirse para la edición de este año:

4. Sumario de Cuadernos 21 (2019).

     Como en ocasiones anteriores, es de celebrar la aparición de un nuevo número de esta revista que, pese a su marcado carácter local, ha alcanzado un nivel más propio de publicaciones con objetivos más ambiciosos. Su éxito no solo se debe a la perseverancia de sus gestores, sino también a las continuas aportaciones de un nutrido plantel de colaboradores, que cada año ceden sus contribuciones y han conseguido mantener durante casi un cuarto de siglo una brillante publicación, nada frecuente incluso en ámbitos más sonoros que la villa de Osuna. Su evidente calidad editorial, gráfica y de contenido, sigue siendo un ejemplo para muchas empresas culturales y patrimoniales, que bien harían en seguir este notable paradigma.

domingo, 1 de diciembre de 2019

DE ILIPA A MUNDA. SEMINARIO SOBRE CONFLICTOS BÉLICOS EN LA HISPANIA MERIDIONAL

Cartel del Seminario

La próxima semana, entre los días 3-4 de diciembre, tendrá lugar en la sede de la Universidad de Sevilla un Seminario internacional (hispano-luso-francés) con objeto de ilustrar el contexto de las guerras que tuvieron lugar en el mediodía peninsular hispano, entre la Segunda Guerra Púnica y las Guerras Civiles de la República Romana. Todo, bajo distintas ópticas de la indagación científica: arqueológica, fuentes escritas antiguas e historiográfica. Una oportunidad para conocer el estado de la cuestión en esta faceta concreta de nuestra historia antigua que aún sigue cargada de trascendentales incógnitas, aunque ya empiezan a desvelarse lentamente con las últimas investigaciones de campo, cuyos detalles podrán conocerse en el transcurso de estas dos jornadas. Se trata de una oportunidad para ampliar el conocimiento sobre estas cuestiones, fácilmente accesible para quienes residan cerca de la capital hispalense.

Tríptico del Seminario (créditos)

Tríptico del Seminario (programa)

domingo, 24 de noviembre de 2019

HOMENAJE Y RECUERDO AL PROF. MANUEL PELLICER EN EL XI COLOQUIO INTERNACIONAL DEL CENTRO DE ESTUDIOS FENICIOS Y PÚNICOS (CEFYP)

     La próxima semana, desde el día 27 al 29 de noviembre, tendrá lugar en el Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera el onceavo coloquio internacional de la CEFYP, que este año rendirá un merecido homenaje y recuerdo al catedrático de prehistoria Manuel Pellicer, que ejerció su magisterio mayormente en la Universidad de Sevilla. Recientemente fallecido (2018), alcanzó relevancia y conocimiento –entre otras muchas cosas– por sus investigaciones arqueológicas en la importante necrópolis fenicia de Almuñécar [Pellicer Catalán, Manuel (1962): Excavaciones en la necrópolis púnica Laurita del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), Excavaciones Arqueológicas en España, 17, Madrid (https://sede.educacion.gob.es/publiventa/descarga.action?f_codigo_agc=06748C); (2007): «La Necrópolis Laurita (Almuñécar, Granada) en el contexto de la colonización fenicia». Cuadernos De Arqueología Mediterránea, 15, Barcelona (https://www.raco.cat/index.php/CuadernosArqueologia/article/view/81198)]. Por ello, la temática de este nuevo encuentro se centrará en el mundo funerario fenicio-púnico, bajo el llamativo título de La muerte y el más allá entre fenicios y púnicos. Un interesantísimo encuentro, del que trasladamos en imágenes el programa de la inminente reunión científica:





martes, 29 de octubre de 2019

LOS PLOMOS ESCRITOS IBÉRICOS DE LOS ALLOZOS DE MONTEJÍCAR, GRANADA (I)

   La próxima publicación de un nuevo plomo escrito en lengua ibérica, hallado de nuevo en el sitio granadino de Cerro de los Allozos, en Montejícar, nos impulsa a recordar la publicación del primero de ellos, que representó ampliar el muy escaso corpus de plomos inscritos prerromanos de los que se tenía noticia en Andalucía. Su conocimiento público se hizo por medio de un artículo científico que vio la luz en la revista Habis, un clásico editorial del Departamento de Filología Griega y Latina de la Universidad de Sevilla, en su volumen número 35, hace ya quince años (Pachón, Fuentes e Hinojosa, 2004). Aunque ya ha pasado mucho desde entonces, la existencia de un segundo plomo de la misma procedencia, obliga a recordar aquel primer hallazgo para tener presente la importancia arqueológica de un sitio como el que representa Allozos para la arqueología ibérica en general y, ahora con el nuevo descubrimiento, para la escritura paleohispánica en particular. El texto que sigue es el mismo que se publicara en Habis, pero lo hacemos aquí, sin guardar el formato de la revista, mostrando muchas de las imágenes que allí se publicaron en blanco y negro, pero ahora mayoritariamente en color y añadiendo, al final, el aporte bibliográfico ordenado que en aquel trabajo se utilizó para su mejor consulta. Añadiremos al final, un pequeño apéndice de otras obras en las que se ha tratado posteriormente el análisis de este primer plomo granadino, para que los lectores más avisados puedan ver cómo ha evolucionado la interpretación lingüística de este texto escrito prerromano de la antigua Bastetania. Únicamente añadir que este primer plomo, por sus características, sigue planteando importantes incógnitas de interpretación, mostrando probablemente que las escrituras indígenas conformen un mundo aún más complejo del que hasta ahora se venía considerando.


PLOMO CON LEYENDA IBÉRICA DE LOS ALLOZOS, MONTEJÍCAR (GRANADA)
Juan A. Pachón Romero, Tadea Fuentes Vázquez y Antonio R. Hinojosa Pareja
Universidad de Granada

El hallazgo casual de un plomo inscrito y fragmentario en lengua ibera y escritura meridional (Los Allozos, Montejícar) plantea el problema de las lenguas prerromanas en la provincia de Granada. En un mismo cuerpo lingüístico existen dos escrituras distintas (ibérico meridional y del norte) que pertenecen, respectivamente, a los documentos plúmbeos y a las monedas de Iliberri, pero que quizá respondan a momentos sucesivos del desarrollo lingüístico ibero en esta parte de la Península. Los Allozos es un centro protohistórico cuyo desarrollo cronológico culmina en la Segunda Guerra Púnica, o algo después, pudiendo corresponder con la Bigerra de las fuentes. Al tiempo, ofrece un término para la datación relativa de los plomos ibéricos en Andalucía. Además, la situación estratégica del sitio explica su interés económico y cultural en época ibera, lo que justifica la presencia de documentos escritos que, en general, se interpretan con un carácter comercial.

The accidental find of a fragmentary lead document, inscribed in the Iberian language and southem Iberian script, from Los Allozos in Montejícar, poses the problem of pre-Roman languages in the province of Granada. In the same linguistic corpus there are two different forms of writing (southern and northem Iberian) which belong respectively to the lead documents and the coins of Iliberri, but which perhaps reflect successive moments in the Iberian linguistic development in this part of the Peninsula. Los Allozos is a protohistorical centre whose chronological development culminates in the Second Punic War, or a little later, and it may correspond to the Bigerra referred to in the sources. At the same time, it offers a terminus for the relative dating of the Iberian lead documents in Andalusia.In addition, the strategic situation of the site explains its economic and cultural importance during the Iberian period, justifying the presence of written documents, which are generally interpreted as having a commercial character.

I. INTRODUCCIÓN

   En este trabajo estudiamos arqueológica y filológicamente una placa fragmentaria de plomo, hallada casualmente, en una de cuyas superficies se desarrolla parte de un texto prerromano en escritura meridional y lengua ibérica, como luego trataremos de justificar. Se recuperó superficialmente en el término municipal de Montejícar (Granada), a raíz de las labores agrícolas que se desarrollaron en la parte más elevada del yacimiento de Los Allozos, allá en los inicios de los arios ochenta del siglo pasado. Su mayor trascendencia radica en las escasas referencias lingüísticas prerromanas existentes hoy en la provincia de Granada, que hacen de este plomo un caso único y de especial importancia, ya que viene a unirse a las leyendas monetales prelatinas de la ceca de Iliberri (1) , junto a las escrituras neopúnicas (2) de las monedas acuñadas en el mediodía peninsular, donde la ceca de Sexi (Almuñécar) tiene también una crucial relevancia. En este sentido, venía siendo el caso exclusivo de Iliberri el único hasta ahora conocido que integraba los corpora de la escritura indígena anterromana en esta parte de Andalucía, exclusividad a la que en este momento podemos añadir con plena seguridad el plomo recuperado en Montejícar. A pesar de todo, las diferencias que plantean uno y otro referente tampoco permiten establecer elementos de relación suficientes como para hablar de escrituras semejantes, lo que —al menos— podría sugerir estadios cronológicos diferentes y, por ello, justificar en cierta medida las fechas relativamente recientes que para la moneda granadina uno de nosotros está planteando desde hace algún tiempo (3).


II. EL YACIMIENTO DE LOS ALLOZOS
II.1. Acercamiento al lugar del hallazgo

   No abrigamos la más mínima duda sobre la procedencia geográfica del plomo. El hallazgo se produjo en un yacimiento todavía no demasiado conocido, pero que está cobrando importancia últimamente como lugar de referencia para el poblamiento del Bronce Final e ibero en el actual espacio fronterizo entre las provincias de Granada y Jaén, al noreste de la capital provincial. Se sitúa en un cambio de vertientes entre las aguas superficiales que vierten a la cuenca del Genil, a través del río Cubillas; las que lo hacen al Guadiana Menor por medio del Guadahortuna/Fardes (fig. 1) y las que desaguan al río Guadalbullón, al norte de la Sierra de Alta Coloma y al noroeste de Montejícar. Este territorio configura un espacio geográfico fundamental para la comunicación de la zona oriental de la comarca de Los Montes, poniendo en contacto la Vega de Granada, las altiplanicies de Guadix-Baza, las sierras del Subbético meridional de Jaén y las tierras de Alcalá la Real, también en esa provincia. En ello radica, básicamente, el interés de Montejícar para las poblaciones antiguas que habitaron esta región, constituyendo un centro de control y acceso entre todos esos territorios, sin olvidar hacia el norte las campiñas altas del Guadalquivir y la Loma de Úbeda/Baeza.

1. Localización de Montejícar en la provincia de Granada.

   No obstante, el conocimiento arqueológico de estos sitios ha venido siendo muy irregular, incompleto y superficial, centrándose básicamente en las referencias iniciales que se derivaron de ciertos hallazgos prehistóricos y esporádicos en los alrededores de Montejícar, lo que suscitó algún interés sobre la facies argárica de la Edad del Bronce del Sureste; nos referimos a las célebres alabardas de Montejícar. Dadas a conocer en su momento por Gómez Moreno (4), pero resaltadas y revalorizadas más tarde por H. Schubart en los arios setenta (5) , su evidente importancia no sirvió para incluir el sitio en los proyectos de investigación que el Departamento de Prehistoria de la Universidad de Granada, a partir de la década de los setenta, desarrolló en torno a la Edad del Bronce en gran parte de los territorios granadinos. Esto, unido a la imprecisión sobre el sitio de recuperación de tales alabardas, hizo que el yacimiento quedase olvidado y que sólo ciertos hallazgos casuales y clandestinos mostrasen, de tiempo en tiempo, la trascendencia arqueológica de toda esta comarca. En la bibliografía arqueológica no vuelve a citarse Montejícar hasta finales de los ochenta, precisamente cuando se reconoce la relevancia ibérica de Los Allozos, en una elevación próxima a la de procedencia de las alabardas; pero en un estudio general sobre poblamiento prerromano de las altiplanicies granadinas (6), que tampoco pudo aportar excesivas novedades para la comprensión del sitio.
    Posteriormente, como consecuencia del intento de materialización de algunas de las propuestas de investigación generadas para la documentación inédita de una Memoria de Licenciatura de la Universidad de Granada (7), con la urgencia añadida del proceso de destrucción de una de las necrópolis ibéricas del yacimiento, uno de nosotros (J. A. Pachón) solicitó en varias ocasiones permiso para iniciar una investigación arqueológica en ambos yacimientos, sin que la administración autonómica andaluza se mostrase mínimamente sensible por el asunto denegando las solicitudes presentadas. No obstante, apareció una sorprendente y errónea aceptación de las mismas en la publicación de las fichas técnicas de los proyectos de Investigaciones Arqueológicas de Andalucía (8), que indudablemente no responde a la verdad.
Tal situación representa que, hasta ahora, no se haya practicado la más mínima tarea de protección, ni tan siquiera las necesarias labores de urgencia para salvar siquiera el área funeraria que se había empezado a expoliar y que hoy puede estar prácticamente arruinada. En los últimos tiempos sí es necesario reconocer que se han realizado algunas actividades de prospección arqueológica superficial, pero sin continuidad investigadora, por lo que sólo se han aportado conocimientos espaciales en los alrededores, sin otra trascendencia para la investigación del sitio y su conservación (9). Por ello, es posible hacer todavía algunas aportaciones de interés que seguidamente desarrollamos.
   El yacimiento arqueológico localizado en las inmediaciones de Montejícar ofrece dos áreas de importancia, pero separadas físicamente por las características geológicas de la geografía del lugar (fig. 2; láms. 1-II). En las inmediaciones donde se sitúa la población actual, ocupando las cotas más eminentes de la elevación donde se asienta, encontramos el llamado Cerro del Castillo, denominación
que alude a la perduración de las ruinas de una pequeña fortaleza medieval (fig. 2: 2), que sucumbió a las embestidas de las tropas castellanas durante las escaramuzas para la conquista de Granada a fines del siglo XV. Esta fortaleza podría apoyarse en una fundación ibérica, si atendemos a las observaciones de A. M. Adroher sobre la fábrica de su base. Además, en la orilla opuesta del río Guadahortuna, separándolo del Castillo, se levanta el segundo yacimiento que es reconocido por un nombre moderno (Cerro de Los A llozos), en clara alusión a la plantación de almendros que cubre parte importante del mismo. Aunque conviene señalar que en muchos mapas y publicaciones sigue apareciendo este último yacimiento con un topónimo semejante, pero diferente (Cerro Ayuso), debido a un defecto de hipercorrección sobre la voz original.

2. Detalle de Los Allozos y del Cerro del Castillo en las inmediaciones de Montejícar. La explicación de los números en el texto.

Lám. I. Vista general de Allozos desde la carretera de Guadahortuna.

  Sobre los caracteres arqueológicos de uno y otro sitio, el Cerro del Castillo dispone de una importante secuencia prehistórica, básicamente argárica y del Bronce Tardío, aunque tampoco parecen faltar vestigios de tiempos del Cobre, así como ibéricos y romanos; estos últimos, ya en la ladera sur, junto a las eras (fig. 2: 4). De este lugar procederían las armas de la Edad del Bronce, según las referencias con que ahora contamos, en las que incluso superficialmente son visibles los restos de cistas funerarias que deben pertenecer a este momento (fig. 2: 3; lám. II). La diferencia topográfica entre Allozos y Castillo prima la situación de aquel, convirtiéndolo en el asentamiento más importante, aún cuando el inicio de su desarrollo cronológico es posterior al del Castillo. En conjunto, podría decirse que la evolución de ambos yacimientos acabaría dando cierta prioridad a Allozos desde el punto de vista estratégico, dada su mayor envergadura, lo que permitiría también una mejor adaptación para cubrir las necesidades de una población en alza.

Lám. II. El Cerro del Castillo desde el sureste y restos de una cista funeraria de una de sus laderas.

   En lo que respecta al Cerro de Los Allozos, parece disponer de un origen relacionado con los desenvolvimientos económicos del Bronce Final, por lo que cabe asociar su génesis con el propio desarrollo del antiguo hábitat del Castillo, como consecuencia final de los procesos de cambio (intensificación e interacción) que afectaron a una parte importante del poblamiento de fines de la prehistoria en la provincia de Granada (10) y del que sería un buen ejemplo la expansión del gusto por los tejidos lujosos y los adornos metálicos, como las fíbulas de codo (11). Pero la fase de poblamiento más notable en estos yacimientos coincide con la época ibérica, desde los primeros momentos de afianzamiento de esta cultura, arraigada firmemente en el fundamento prehistórico. Una vez consolidada, se dotó al asentamiento de un complejo sistema de muralla, adaptada a las irregularidades del sustrato geológico que constituye ambas elevaciones topográficas, pero que sigue siendo prácticamente desconocida ya que no aparece en el corpus de fortificaciones prerromanas existentes' (12), con la salvedad de recapitulaciones más recientes' (13). A esta etapa debe corresponder la importante necrópolis expoliada en sus inmediaciones, de donde proceden hallazgos de armas de hierro y cerámicas griegas áticas (lám. V: 1-3).
   Puede ser chocante llegar a comprender el interés suscitado entre los iberos por un territorio fundamentalmente montañoso, cuando existían tierras bajas con mayor proyección económica. Quizás la razón se encuentre, de una parte, en la propia tradición metalúrgica de Montejícar que, como se ha visto, arrancaría de la época argárica; pero, de otra parte, la frecuentación de los caminos naturales que pasaban junto al yacimiento, hicieron imprescindible su concurso en la configuración territorial de la región en tiempos ibéricos, dada su significación en la intercomunicación de las zonas metalúrgicas del interior de Sierra Morena (Cástulo) y el área costera del sureste. En este sentido, cobra especial interés el hallazgo del conjunto escultórico ibérico de El Pajarillo (14), en Huelma (Jaén), a algo más de 15 km al noreste de Los Allozos, cuya interpretación como conjunto heroico con significación de hito fronterizo podría determinar, paralelamente, la existencia al sur de otra gran unidad territorial autónoma que debe centralizarse precisamente en tierras de Montejícar. Al mismo tiempo, la situación del yacimiento de El Pajarillo, en el valle del río Jandulilla, tributario directo del Guadalquivir, reafirmaría el valor de estos territorios como lugar de paso entre las tierras granadinas y giennenses (15).
   La importancia alcanzada en el momento ibérico debió proyectarse hasta el contacto con el mundo romano, no siendo casual que este territorio se viese involucrado en los conflictos púnico-romanos, cuando las fuentes antiguas hablan de un topónimo (Bigerra) que para algunos autores pudo haberse situado en un lugar cercano a Montejícar, en Bogarre (17) o, mejor incluso, en los mismos Allozos (17). Las circunstancias de la Segunda Guerra Púnica parecen marcar el declive del asentamiento, a tenor de los hallazgos numismáticos que hablan de una interrupción de los flujos monetales a partir de este preciso momento, o de muy poco después (18).
   Allozos debió desaparecer entonces, todo lo más durante los posteriores procesos de insurrección indígena que siguieron a la conquista romana; de otro modo no creemos que pueda entenderse el abandono de un poblado de su importancia, sin que deje huellas tangibles a lo largo de la romanización y sin que tampoco ofrezca en superficie cerámicas romanas posteriores a las campanienses, como hubiese sido normal y ocurre en cualquier otro yacimiento que mantiene mínimamente su existencia en los períodos finales de la República y los inicios del Imperio. No nos referimos sólo a elementos tan definitorios como la sigillata, que está ausente, sino también a todo el repertorio cerámico de la pseudocampaniense, la presigillata, o incluso al barniz rojo tardío. Del propio corpus campaniense no parecen estar presentes todos los representantes del grupo, como las campanienses B y C.
   En cuanto al hallazgo que aquí nos ocupa, se produjo exactamente en la parte superior de la acrópolis de Los Allozos (lám. I). Este lugar constituye estructuralmente una meseta, en la que aún es visible superficialmente la presencia de gruesos muros que pudieron pertenecer a los edificios públicos civiles o cultuales del asentamiento (lám. III). Mientras que el hábitat se extiende hacia el oeste y sur, una muralla, camuflada por la linde de delimitación entre propiedades (lám. IV), aísla este espacio por el norte y este, separándolo claramente de la necrópolis ibérica conocida. La recuperación arqueológica del plomo en esta zona elude cualquier relación con las áreas funerarias y permite asociarlo con otras actividades, ya fuesen de índole económica, civil, o como ofrenda a los dioses titulares de la ciudad que, como ocurre mayoritariamente entre los pueblos del Mediterráneo, solían ocupar los espacios centrales y más elevados de las ciudades.

Láms. III-IV. Allozos: restos del muro de cierre de un edificio en la acrópolis (izquierda) y muralla oriental del asentamiento (derecha) desde el norte.

11.2. Aproximación al contexto y uso de los plomos escritos prerromanos

   Los hallazgos arqueológicos se relacionan con la cronología en un doble sentido. Cuando existe una conexión directa entre recuperación y contexto se produce una auténtica sincronía, en la que el artefacto estudiado y todo aquello que se le relaciona corresponderían a un mismo momento cultural y temporal; podría decirse entonces que estamos ante una cronología sincrónica, o que existe una contextualización directa. Pero también puede ocurrir que lo hallado no permita una relación inmediata con ningún otro elemento arqueológico perteneciente al mismo contexto, como sucede con los hallazgos superficiales, dándose una disociación entre lo recuperado y lo que no lo ha sido y produciéndose una pérdida en principio de la referencia cronológica del todo, que queda ignorado; en estos casos, cualquier inferencia sobre la fecha del elemento obtenido sólo podrá atender a referencias
externas y se trataría, en cualquier caso, de un acercamiento diacrónico, o si se prefiere, de una contextualización indirecta. Si conjugamos estas cuestiones con el plomo de Montejícar, creemos factible poder alcanzar una cierta aproximación temporal y comprender diacrónicamente su posible contexto.
   Hemos de partir del hecho incuestionable del desconocimiento del auténtico contexto directo para el plomo estudiado, por lo que debemos incidir al menos en las evidencias superficiales del yacimiento de Los Allozos, donde no existen hallazgos cerámicos posteriores a la etapa republicana romana y para lo que nos apoyamos esencialmente en la ausencia de sigillatas. Parece indudable que el plomo sería siempre un elemento preimperial, sin que atendamos por el momento a las características lingüísticas de su escritura que se estudiarán después. Pero tampoco resulta demasiado precisa esta afirmación, ya que no permite matizar si estamos ante un documento literalmente prerromano —en el sentido de inmediatamente anterior a lo romano—, ibero-púnico (ibérico tardío) o claramente ibérico (ibérico pleno). No parece lógico, por otra parte, extender este tipo de documentos hasta períodos más lejanos como el ibérico antiguo, ya que la introducción de tabletas de plomo escritas en lengua ibérica fue un fenómeno relativamente moderno a raíz de la penetración y asimilación de prototipos griegos desde las colonias helénicas asentadas en el noreste peninsular y mediodía de Francia. Téngase en cuenta que el plomo con caracteres griegos y etruscos del yacimiento francés de Pech Maho (19) se ha fechado entre los siglos V/IV a.C., mientras que los plomos grecoibéricos de La Serreta de Alcoy y de El Cigarralejo, ya en la Península Ibérica (20) , se datan en el siglo IV a.C.
   Esta mera consideración temporal colocaría nuestro plomo en un momento indeterminado de la época ibérica, por lo que cabe investigar si la zona donde se recuperó ha aportado elementos de este momento y de qué características. En las láminas V-VII hemos recogido una selección de materiales que se obtuvieron superficialmente en el hábitat a principio de los años ochenta, con excepción del fragmento de falcata (lám. V: 1-2) y de la cerámica ática de figuras rojas que proceden de la ladera oriental del yacimiento, en la que posteriormente se descubrió ilegalmente una zona de necrópolis. De cualquier modo deben destacarse los productos cerámicos anfóricos, así como los de barniz negro (griegos o grecoitálicos) y campanienses, generalmente admitidos como elementos representativos de actividad comercial, en cuyo contexto tienen cabida los plomos inscritos, que suelen interpretarse como textos justificativos de intercambios económicos, o mejor como documentos privados de carácter práctico (21).

Lám. V. Allozos restos de falcata (1-2); cerámica ática de figuras rojas (3) y fragmento pintado ibérico (4).

    De las cerámicas recogidas, al margen de los fragmentos pintados característicamente ibéricos (lám. V: 3), pero significativos de un espectro cronológico relativamente amplio, destacan las ánforas sin cuello, con borde y hombro redondeado (lám. VI: 1). Estas ánforas han sido estudiadas en conjunto por Ramón (22), quien las clasifica con el nombre de PE-12/13, aunque equivalen a la tipología tradicional A-3 de Mañá (23), aplicándoles una cronología conjunta entre el siglo V/IV a.C., lo que coincide con lo que conocemos en esta parte de Andalucía, ya que las tenemos en las fases Mora VI e Infantes VI (24), que aportan una fecha comparable. Estos restos anfóricos son un claro exponente del momento central de la cultura ibérica, que podríamos prolongar posiblemente hasta el siglo III a. C. cuando ya aparecen otras ánforas de raigambre más púnica, como son los ejemplares de cuello troncocónico (tipos PE-14 a PE-16 de Ramón). De estas, no tenemos superficialmente referencias en Allozos, aunque debe de haberlas por la cronología general que adjudicamos al yacimiento hasta la Segunda Guerra Púnica, o poco después, y que se conocen perfectamente en yacimientos granadinos como el Cerro de la Mora (25).

Lám. VI. Allozos: boca de ánfora ibérica (1) y copa de cerámica campaniense Morel 68c (2).

   Las cerámicas importadas de lujo corresponden básicamente a vasijas griegas o itálicas. Entre las primeras, que se hicieron habituales en Andalucía Oriental (26), destacan los productos áticos, de entre los que vamos a destacar un caso procedente de la necrópolis oriental del yacimiento, muy cerca del lugar de procedencia del plomo, perteneciente a un vaso cerrado de tipología incierta, pero que representa en figuras rojas el cuerpo incompleto de un personaje del que se conserva parte de la túnica (lám. V: 3). Un vaso que podríamos fechar con precisión en el siglo IV a.C., aunque lo extremadamente fragmentario de su conservación impide una mayor matización sobre su forma, que alude a una tipología no demasiado frecuente en los conjuntos cerámicos griegos de Andalucía, mayoritariamente centrados en las copas y cráteras (27). No obstante, no deja de ser normal la existencia de hallazgos de este tipo en Andalucía, donde la frecuencia de la cerámica ática de barniz rojo está perfectamente documentada en los ámbitos ibéricos, demostrándose una perfecta compenetración comercial con los centros de distribución que debieron situarse en las colonias griegas peninsulares de la costa septentrional mediterránea, pero que alcanzaba el mediodía peninsular en una ruta que atravesaba Andalucía a lo largo del Guadalquivir (28). En este sentido, el oriente granadino disfrutó de una situación de privilegio entre la costa sureste y las tierras levantinas
que, a través de las rutas interiores de Albacete y Murcia, mantuvieron comunicados y abastecidos de productos exóticos los centros ibéricos del interior de Jaén y Granada (29).
   Entre las segundas cerámicas, hay que señalar el fondo de una copa de barniz negro (lám. VII: 1), procedente del taller de las Pequeñas Estampillas (30), una producción itálica muy minoritaria en los repertorios conocidos de Andalucía (3I) y que, curiosamente, encontramos en Allozos, un lugar que podría parecer al margen de los movimientos comerciales del momento, pero que gracias a hallazgos como este muestra la importancia de su situación en los desenvolvimientos económicos del mundo ibérico a finales del siglo IV y principios del III a.C. La problemática de este tipo de cerámica anterior a la campaniense se ha puesto en relación con la falta de abastecimiento de productos áticos a finales de la cuarta centuria y su sustitución por las producciones protocampanieneses que imitaban aquellas manufacturas áticas (32) . Además, el hallazgo de Montejícar representa la constatación fehaciente de que estas cerámicas se extendieron por el sur, más acá del límite en tierras murcianas que se había establecido con los hallazgos conocidos, en relación con la posible prohibición de comerciar con productos itálicos a raíz del tratado romano-cartaginés de 348 a.C. (33).

Lám. VII.  Allozos: fondo de una vasija itálica de barniz negro (I) y restos de un posible exvoto ibérico de terracota (2).

   Los otros productos cerámicos conocidos corresponden a producciones campanienses del tipo A, que parecen ser mayoritarias —si no exclusivas— en el yacimiento, algo que puede relacionarse con el desenvolvimiento de la Segunda Guerra Púnica. De estas campanienses A debe destacarse el fragmento de una copa Morel 68c, decorada interiormente con dos bandas pintadas blancas, que enmarcan otra central roja (lám. VI: 2). Este tipo de vasos se ha fechado en Ampurias en la segunda mitad avanzada del siglo III a.C. (34), pero quizá podría extenderse hasta el siglo II a.C. (35). En conjunto, la cerámica campaniense parece que se generaliza en la Península a raíz de la victoria romana en el conflicto púnico, pero su importancia decae y se transforma conforme se imponen otros productos como la campaniense B, mientras se afianza el dominio y la aculturación romanos. Por ello, la mayor relevancia que tiene en Allozos la campaniense A aludiría posiblemente a un debilitamiento de la presencia romana en el yacimiento, desde la victoria sobre los cartagineses y ello daría forma a la identidad que veníamos proponiendo entre este asentamiento y Bigerra.
   Cronológicamente los restos cerámicos destacados a partir del momento clásico de la época ibérica abriría un espectro temporal general que puede adaptarse inicialmente al plomo estudiado y que podríamos considerar entre los siglos IV y 111/II a.C. Pero podría ser más probable centrar la data entre los siglos 111/II, si la cuarta centuria de los plomos greco-ibéricos citados refleja una evolución
lingüística en la que, progresivamente, los textos indígenas van desprendiéndose de la impronta griega. Una fecha más elevada parece arriesgada, en vista de las que suelen adjudicarse a otros hallazgos bien contextualizados; por su parte, una fecha más moderna nos parecería imposible, tomando como referencia última la Segunda Guerra Púnica, momento en que las actividades comerciales debieron quedar bastante dañadas por los avatares de la guerra. A partir del desenlace del
conflicto, la implantación del poder romano, con la aplicación del imperialismo económico que lo caracterizaba, debió acabar con la economía indígena propia y con toda su documentación escrita de carácter comercial, tal como se quiere interpretar en la mayoría de estos textos aparecidos en los asentamientos ibéricos. Tampoco los plomos conocidos y fechados con certeza parecen aportar cronologías fuera de ese marco temporal de referencia. Así, el plomo de Ampurias interpretado como carta comercial se fecha a fines del siglo III o principios del II a.C. (36), constituyendo un ejemplo significativo de plomo procedente de un asentamiento.
   Por su parte, los plomos encontrados en ambientes funerarios, posiblemente ilustrados con textos relacionados con la religión o con datos y efemérides de los difuntos, tampoco aportan cronologías fuera de aquel marco referencia]. El conocido y citado caso del plomo hallado en El Cigarralejo, procedente de la tumba 21 de esa célebre necrópolis ibérica, se puede fechar sin muchas dudas en la primera mitad del siglo IV a.C. (37) . Lo que aportaría una de las dataciones más antiguas, aunque su desarrollo en alfabeto griego, quizá explique precisamente esa alta cronología.
   Aunque ya se han avanzado algunos aspectos sobre la utilidad de los plomos prerromanos, como el argumento se debe a la necesidad de apoyar el contexto del ejemplar de Montejícar, interesa recordar afirmaciones de otros autores al respecto. En primer lugar destacaremos la opinión expresada por J. Maluquer hace más de treinta años (38), cuando afirmaba que "El plomo fue ampliamente utilizado como materia escriptoria en toda la cuenca mediterránea. En Grecia su uso al parecer procede de la Jonia y se generalizó en el siglo VII. En el área ibérica existen inscripciones sobre plomo desde el siglo IV con seguridad (inscripciones en alfabeto grecoibérico de Alcoy y del Cigarralejo), y en mayor número en época posterior (siglos III-I). La escritura sobre plomo ofrece la particularidad de permitir el conocimiento del ductus del escriba, pues al arañar con un estilo bien aguzado la plancha de plomo, éste, por ser más blando, conserva la rebaba que indica la dirección seguida en la incisión". Indudablemente, esta afirmación sólo incidía en el uso de este material metálico como soporte de la escritura y su relación con el mundo griego, como agente cultural en la transmisión de esa práctica y su posterior generalización de la misma entre los iberos. La abundancia de hallazgos que se han producido posteriormente y que pueden seguirse en las recopilaciones de Monumenta Linguarum Hispanicarum, 111 (39) apoyan en parte las opiniones de Maluquer, porque actualmente las perspectivas de interpretación son mucho más enriquecedoras y el propio Untermann, como luego veremos, aboga por un mayor protagonismo del mundo ibero.
   Precisamente Untermann (40) llama la atención sobre un aspecto "plenamente conocido de todos, pero, al menos que yo sepa, nunca tratado de manera coherente. Me refiero al carácter de los lugares de hallazgo y a la interrelación de los plomos con el material epigráfico y arqueológico de otra índole". Con ello, intenta relacionar los plomos con los contextos arqueológicos en que han sido hallados y encuentra una situación típica en el yacimiento ibérico de Pech Maho, recordando que "está situado a orillas de una laguna, accesible, durante la antigüedad a la navegación mercantil mediterránea, y es estación de la via Heraclea, que une Italia con la Península Ibérica; las excavaciones hicieron aparecer una gran cantidad de cerámica griega importada y de ánforas de varias procedencias, todas las clases de vasos frecuentemente provistos con grafitos en lengua y escritura ibéricas; allí aparecieron cinco láminas de plomo con inscripciones ibéricas y una con inscripción griega. En suma, la situación geográfica, los hallazgos de objetos de comercio, y la correspondencia interregional sobre plomo presentan la imagen de un centro comercial activo y potente". Este sería el contexto arqueológico tipo que enmarcaría la aparición de los plomos, cuya función sería la de servir de material para una "correspondencia interregional", seguramente de índole comercial. Las mismas condiciones se dan en la ciudad prerromana del Puig de Sant Andreu, cerca de Ullastret, con cinco textos sobre plomo y gran cantidad de cerámica griega, ánforas y más de cuarenta grafitos ibéricos sobre vasos de diverso tipo.
   En Ampurias, la ciudad greco-ibérica, encontramos una situación y unos materiales semejantes, pero sólo han aparecido tres plomos. Lo mismo sucede en Ensérune, donde sólo ha aparecido un plomo, a pesar del gran centro comercial que fue. Más al Suroeste habría que preguntarse por qué carecen de todo vestigio de correspondencia comercial ciudades como la romana Iluro o Tarragona. Al sur del valle del Ebro están las ciudades que han proporcionado mayor número de plomos y, sin embargo, sólo las ciudades de Sagunto y La Punta de Orleyl tienen situaciones parecidas a la de Pech Maho. Es curioso lo que sucede en el yacimiento de Orleyl, donde se han encontrado diez plomos, pero no hay ni un grafito aparte de éstos y faltan totalmente los nombres de propietarios escritos sobre cerámica; los plomos V, VI y VII se encontraron dentro y debajo de una urna funeraria lujosa. Podemos, pues, suponer que en Orleyl la escritura estaba reservada a una élite local, aunque esperamos el parecer de los arqueólogos.
    El Pico de los Ajos, la Serreta de Alcoy y la Bastida de los Alcuses tienen en común el ser, como Ensérune, oppida situados cerca de vías comerciales importantes y no tienen muestra de escritura salvo en los plomos aparecidos, tal como vimos en Orleyl. Habría, pues, que contar con la existencia de una masa de población analfabeta y un muy limitado número de comerciantes ricos y poderosos.
   Tratar de buscar el origen y modelo de este tipo de correspondencia podría llevarnos, en primer lugar, a pensar en una influencia directa de los colonizadores griegos asentados en Massalia, pero J. Untermann ha observado que, precisamente en la zona griega, al este del río Hérault, no se han encontrado, y no le parece fuera de razón suponer, en un proceso contrario, que responda a una práctica evolucionada de los propios comerciantes iberos imitada por sus partidarios griegos.
    Pese a lo conocido, poco es lo que los mismos plomos aportan al conocimiento de sus funciones. Se advierte que determinados plomos están horadados y otros no, sin que conozcamos la explicación de tales circunstancias. Están taladrados los plomos de Tarragona, el Solaig (Castellón), estela de Canet le Roig (Castellón), la Punta de Orleyl (F.9,2), San Miguel de Liria (F.13,2) y varios presentan roturas que hacen dudoso suponerlos horadados. De todas formas, con esta relación es suficiente para plantearnos la razón de su utilidad. La situación de estos orificios puede encontrarse tanto en la parte superior (dos agujeros) como a la derecha del plomo —El Solaig—; unas veces están fuera del texto y otras han sido horadados después de escritos y rompiendo los signos. A simple vista parecen textos preparados para ser colocados en la pared y para comunicar alguna noticia de interés colectivo, pero su escaso número y los contextos donde han aparecido no permite sacar conclusiones definitivas, ni diferenciar su uso de los ejemplares no taladrados. Somos de la opinión que, tanto unos como otros, tuvieron la función de servir de correspondencia comercial, como se les viene atribuyendo, y que los orificios de algunos deberían ser hechos, después de escritos, para conservarlos atados a manera de las hojas de un libro y para evitar su pérdida.
   Por su parte, Velaza (41) ha destacado recientemente la importancia que tiene la consideración del soporte en el estudio de cualquier inscripción ibérica. "Dos de los soportes más característicos de la epigrafía ibérica, el plomo y la piedra, se nos presentan cada día más casi como privativos de dos mundos epigráficos y culturales diferentes: el plomo como producto de los modelos inscriptorios griegos en el contexto de las actividades comerciales en torno a los centros del Mediterráneo y la piedra, como soporte de textos funerarios y oficiales bajo influencia romana. En las inscripciones sobre plomo hay que seguir lamentando la falta de contexto arqueológico de la mayoría de ellos. El contexto viene a datar hacia el año 200 a. C. una lámina de plomo de Castellet de Bernabé, Lliria (42).
    En una colección particular barcelonesa se encuentran dos plomos (43), pero en la misma colección existe otro plomo ya publicado y estudiado" que presenta dos textos de distinta mano y que Untermann llega a interpretar como una carta con su respuesta, siguiendo la mala costumbre —que ha continuado hasta nuestros días— de aprovechar los espacios libres de un escrito anterior, aunque esto nos permita ahora un mayor beneficio lingüístico. Velaza discrepa de esta interpretación y, después de un razonado análisis de los textos y su disposición en el plomo, llega a la conclusión de que puede tratarse "más que de una carta particular y su respuesta, de un documento jurídico, un pacto, un contrato" (45).
    No dejamos de recordar otra pequeña lámina de plomo "la inscripción sobre plomo más importante de este último quinquenio" (46). Se trata del plomo de la colección de D. Ricardo Marsal (Madrid) que, según informes no confirmados, fue encontrada en la región granadina. Ha sido estudiada por Untermann (47) y hemos leído con atención sus observaciones tratando de paralelizarla con los dos documentos paleohispánicos de esta provincia. Pero el plomo de Marsal está escrito en el signario del NE y la escritura corre de izquierda a derecha, lo que lo aleja del de Los Allozos y acerca a lo levantino, en donde se sospecha se escribió. De alguna manera, sin embargo, si se confirmara el lugar del hallazgo, evidenciaría el uso y familiaridad de esta zona granadina con la escritura ibérica y el intercambio de documentos probablemente mercantiles. Aunque es evidente que es la misma lengua, no hemos encontrado ningún fragmento, ni secuencia que pueda relacionarse con los Allozos.
    Pero, por otro lado, tampoco debemos olvidar la posibilidad de que algunos de los textos ibéricos fuesen advocaciones dirigidas a sus dioses, por lo que pueden encontrarse en templos y santuarios. La existencia de una construcción de importancia en la cima de Allozos, cuyo uso y carácter podría refrendar una excavación en la acrópolis (lám. IV), centra el hallazgo superficial de una terracota zoomorfa muy deteriorada y maciza (lám. VII: 2) que parece representar a un cuadrúpedo (bóvido?) que desgraciadamente ha perdido cabeza y extremidades. Sus dimensiones, de poco más de 8,5 cm, aluden a un objeto que podría ser tanto un juguete como un exvoto.
    Los juguetes no son, por desgracia; un elemento que se conozca demasiado en el mundo ibero, en cambio los exvotos sí, aunque son mayoritarios los realizados en otros materiales como el bronce o la piedra. En esta última materia se conocen los pequeños exvotos de caballos conocidos en el Cigarralejo (48) o Pinos Puente (49). Los toros, por su parte, tuvieron una especial significación en el mundo ibérico; recuérdese por ejemplo la gran cantidad de escultura en piedra dedicada a esta temática (50), aunque su realización en terracota no había sido documentada, salvo si tomamos en consideración algunas representaciones zoomorfas empleadas como decoración plástica en determinados vasos cerámicos, que, por lo demás, suelen abusar del tipo ornitomorfo. No obstante, es precisamente en un conocido depósito cultual excavado en el yacimiento de El Amarejo (Albacete) (51) con abundante muestra de estos vasos, donde encontramos la relación entre culto y ofrenda de plomos escritos, por lo que tampoco podemos descartar que en Montejícar se pudiese haber dado una situación semejante. La fecha que recibe aquel depósito (52) en el siglo III a.C., tampoco representaría un marco demasiado disconforme con lo que proponemos para Montejícar.


III. ANÁLISIS DEL PLOMO
111.1. Descripción y medidas


Fig. 3. Dibujo del plomo de Los Allozos.

     Se trata de una tableta plomífera de tendencia rectangular (fig. 3; láms. VIII-IX), aunque el contorno conservado muestra un aspecto irregular con forma ligeramente trapezoidal. El lado derecho conserva una pestaña igualmente rectangular y ángulos redondeados en la que aparece una perforación que se realizó de atrás hacia delante, ya que las rebabas existentes se encuentran en la parte frontal. No se trata de un único orificio, ya que en el lado izquierdo, sobre la línea inferior de la primera línea de escritura y a escasos 1,42 cm del borde actual existe otra perforación de un calibre similar a la anterior, aunque no idéntica. En este caso, la perforación fue practicada desde la parte frontal hacia la posterior, donde se conservan las rebabas. La diferencia que muestran ambos agujeros permite interpretar que sólo el primero corresponde a un orificio original, practicado posiblemente para que sirviese de orificio de suspensión, mientras que el segundo, posiblemente en asociación con algún otro hoy perdido se practicó posteriormente para fijar el plomo a una superficie indeterminada, clavándola a la misma y, de ahí, el sentido en que se practicó finalmente el nuevo hueco. La separación temporal de las perforaciones también quedaría justificada por los diferentes diámetros que presentan, y cuyas magnitudes indicamos más abajo.

Láms. VIII-IX. Plomo con inscripción ibérica de Los Allozos: anverso (arriba) y reverso (abajo).

   La tableta está incompleta ya que todo el borde izquierdo, así como el inferior, muestra signos inequívocos de fractura, por lo que el plomo original debió ser bastante más grande. En sentido vertical puede calcularse una longitud casi del doble de la existente si, como apreciamos, la pestaña conservada en la derecha ocupó una posición central respecto del conjunto. Por su parte, el lado izquierdo es de más difícil interpretación, aunque la presencia de un signo partido en la primer línea de escritura demuestra claramente su prolongación original por este lado. No obstante, la dimensión de la parte perdida es muy difícil de concretar, aunque especulando puede pensarse que el orificio de esta zona pudo ocupar también una posición central respecto de la longitud total de la tableta, de modo que no extrañaría tampoco unas dimensiones aproximadas en este sentido de 12,50 cm. Lo que no queda tan claro es si pudo llevar otro apéndice rectangular en la parte izquierda, ya que sólo con el de la derecha la pieza pudo estar suspendida perfectamente; en este caso la longitud máxima llegaría a alcanzar los 14,25 cm.
Dimensiones: Longitud máxima conservada, 8,18 cm; altura máxima: 4,25 cm; grosor medio: 0,12 cm; diámetro de la perforación derecha: 0,2 cm; diámetro de la perforación izquierda: 0,3 cm.

111.2. La inscripción
   La inscripción, abierta con punzón, presenta una caligrafía de trazos firmes y con tendencia a usar las líneas rectas en el dibujo de los signos, evitando, en lo posible, la utilización de formas curvas. Consiste en dos líneas, escritas en sentido sinistroso, que van inscritas entre tres líneas paralelas; la primera línea está cortada a la izquierda por rotura del plomo; la segunda línea forma un ángulo a la derecha y sigue la inscripción con dos signos escritos en sentido vertical.

111.2.1. Los signos
Línea 1 (lám. X): Si -ti?; S2 -r; S3 -i; S4 -tu; S5 -e: S6 -n; 55 -e; S7 -ka; cinco puntos enfilados verticales, como separación de palabras; S8 -ta. Incompleto por rotura del Plomo.
Línea 2 (lám. XI): S9 -ba?, bi?; S10 ; S8 -ta; S5 -e; S9 -ba?, bi?; S3 -i; Si -ti?; S2 -r.
    A primera vista pueden hacerse algunas observaciones:
    —La más destacada es la presencia de unos puntitos redondos grabados dentro de algunos signos —especialmente significativos en S2—, es decir, en la r, tal como es característica de la caligrafía del Plomo de Gádor. Estos puntos, a los que no se le han encontrado significación, adornan también el S7 y el S9.
—La dirección sinistrosa de la escritura y las formas de algunos signos parecen evidenciar el uso del signario ibérico Meridional. Sin embargo, encontramos en este primer intento de transcripción fonética varias dificultades que concretamos en tres niveles de conocimientos, por nuestra parte, de los signos que usa el Plomo:

Láms. X-XI. Plomo de Los Allozos: líneas 1 (arriba) y 2 (abajo).

1. Signos no problemáticos.
2. Signos de transcripción dudosa y discutida.
3. Signos inéditos, a los que hay que encontrar de qué grafema son variantes (pues no nos planteamos que alteren el sistema establecido).

1. Signos no problemáticos:

    S2 -r. La forma y la particularidad del punto en su interior emparenta sin duda este plomo con el de Gádor, como hemos adelantado.
    S3 -i.
    S4 -tu. Es una pequeña variante del trazo interior que en muchas grafías acompañan al grafema tu.
    S6 -n
   S7 -ka. A pesar de que uno de los dos orificios del Plomo rompa la parte inferior del signo, creemos que se trata del signo ka, tal como se escribe en el signario Meridional y con el punto propio de la caligrafía del Plomo de Gádor.
    S8 -ta. No hay discusión en la transcripción de este signo que, aunque al final de esta línea primera va partido por rotura del Plomo, no nos parece dudoso que representa dicho grafema.
   S10 - ś. También es aceptada esa transcripción de este signo en el signario Meridional.

2. Signos de transcripción dudosa y discutida:

  S5 -e, o. Signo discutido. El S5 creemos que es el mismo que se repite tres veces —en las posiciones ya indicadas—, aunque la forma del rombo sea en algunos casos más redondeada. La transcripción del signo en el signario Meridional ha sido motivo de discusión, que sería inoportuno recoger en su integridad. El parecer de Gómez Moreno (53) es que represente a la vocal o en este signario, mientras que Javier de Hoz (54) lee e. Del mismo parecer es Untermann (55), que, concretamente, en el Plomo de Gádor (H 1.1) transcribe la forma —rómbica— como e.

3. Signos no identificados:

   S1 -ti?. No hemos encontrado esta forma como variante conocida de ningún grafema. Untermann no lo registra en su repertorio de grafemas y homógrafos (56). El Plomo de Gádor —donde existe el signo ti— usa una forma propia, pero que no se ajusta a este trazado. Sin embargo, con muchas reservas, proponemos para este signo una variante inédita del signo ti, derivada del rombo partido que es forma habitual de este grafema en el signario Meridional. Aparece dos veces en el Plomo, y en una de ellas con el puntito interior característico de esta caligrafía, que hemos comentado.
    S9 -ba?, bi?. Ni Javier de Hoz, ni Untermann lo recogen en su repertorio. Aunque escrito con trazos rectos, tiene este signo cierta semejanza con la forma del signo bi usada especialmente en el signario del NE, aunque no desconocido su uso en el Meridional. Precisamente el primer signo de la segunda línea del Plomo de Gádor presenta una variante —no registrada— de gran semejanza con la
forma que nos ocupa. La transcripción fonética del signo bi, en el signario Meridional ha sido motivo de discusión. Javier de Hoz (57), cuando propuso la lectura de la flecha como bi en el signario Meridional, admitió que podrían existir dos signos para dos fonemas semejantes, de la misma manera que podrían existir también dos sistemas vocálicos. Untermann (58), sin embargo, disiente de De Hoz y, apoyándose precisamente en la lectura de éste —la flecha como bi—, reserva para el "bastoncito" la lectura ba, cuya afirmación apoya en las secuencias de varios segmentos y "palabras" del repertorio Meridional. Especialmente queremos destacar que en el Plomo de Gádor —además de existir, como dijimos, el signo que estudiamos— (fig. 4) su lectura como ba daría lugar a la secuencia baśta que tendría paralelo en el Plomo de Yátova/Pico de los Ajos (Valencia) (F. 20.3,B-I1,4)59.

Fig. 4. Dibujo del plomo de Gádor.

111.2.2. Lectura del plomo

    Según la transcripción de signos propuesta, la lectura del Plomo de Los Allozos sería:
   Línea 1: tiritueneka. Cinco puntos enfilados verticales. ta. Existe el segmento tir, pero es el segundo segmento, eneka, el que tiene un paralelo más significativo con el eneki de un fragmento de cerámica de S. Miguel de Liria (F. 13.37).
   Línea 2: baśtaebaitir. Esta secuencia de signos tiene paralelos interesantes en el léxico ibérico conocido:

    1. baśta se encuentra en el Plomo de Yátova/Pico de los Ajos (Valencia) (F. 20.3,B-I1,4). Su presencia —junto con sus variantes: baste, basti— en varios documentos aragoneses y levantinos nos impide de momento sacar consecuencias tentadoras sobre su posible relación con la ciudad de basti y la región bastetana donde se encontró. En este sentido, ni siquiera sabemos que se trate de un segmento toponímico.
     1.2. Pero, sobre todo, puede compararse la lectura de esta segunda línea del Plomo de Montejícar con el bastaibaitieba (60) del Plomo del Solaig/Bechi (Castellón) (F.7. 1,A-1).
     2. El segundo segmento, -baitir, puede ponerse en relación con el baiti de un fragmento de cerámica de Azaila (E. 1, 362) y con un segmento, baituéane, del Plomo de Vall de Uxó. Punta de Orleyl (E 9,5.2). Tal vez con el abaétir del Plomo de Yátova / Pico de los Ajos (F. 20.3, A-II,8).


111.2.3. La lengua

    No dudamos que la lengua que utiliza este Plomo de Los Allozos, de escritura Meridional y caligrafía semejante al Plomo de Gádor, es la lengua ibérica, como acreditan, entre otros extremos, las secuencias que acabamos de comparar con los plomos levantinos. Las monedas de la ceca iliberritana utilizan esta misma lengua, aunque escrita en el signario del NE. Las reflexiones que podríamos hacer ante este hecho podrían orientarse tanto en sentido cronológico como geográfico: ¿era la región granadina la frontera entre las dos formas de escritura de la lengua ibérica? o ¿se debe este cambio de signario a una diferencia cronológica entre ambos documentos? Nuestra opinión es que las acuñaciones monetales son de una época muy posterior al Plomo, tanto que pueden ser incluso fechadas en unos arios alrededor del cambio de Era. Por tanto, representarían una clara evidencia de la evolución cronológica del uso de los signos paleohispánicos en la región granadina y, además, confirmarían la antigüedad del signario Meridional, como se viene proponiendo de forma casi unánime.
   En definitiva, y como conclusión, el Plomo de Los Allozos, en Montejícar, al ampliar las referencias de la lengua ibérica escritas en signario meridional, también expresa la mixtura cultural que caracterizó a las poblaciones ibéricas del Sureste. En este caso concreto, en un territorio donde se trasvasaban intercambios de todo tipo entre Levante, el Valle del Guadalquivir y las tierras montañosas del interior de la actual provincia de Granada.


NOTAS

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22. J. Ramón, La producción anfórica púnico-ebusitana (Eivissa 1981) 98 ss.; ídem, Las ánforas fenicio-púnicas del Mediterráneo central y occidental (Barcelona 1995).
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24. F. Molina, A. Mendoza, L. Sáez, O. Arteaga, P. Aguayo y M. Roca, "Nuevas aportaciones para el estudio del origen de la cultura ibérica en la Alta Andalucía. La campaña de 1980 en el Cerro de los Infantes", XVI CNA (Zaragoza 1983) 697 ss.
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31. P. Cabrera, op. cit. (nota 28) gráfico 3.
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39. J. Untermann, op. cit. (nota 20).
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