miércoles, 15 de mayo de 2013

EL CERRO DE LA MORA EN EL DIZIONARIO ENCICLOPEDICO DELLA CIVILTÀ FENICIA (DECF). ROMA, 2012.




     Desde fines del año pasado (Roma, 2012) está publicada on-line la entrada sobre el Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Granada) en este Dizionario Enciclopedico della Civiltá Fenicia, que hemos preparado entre el Dr. Javier Carrasco Rus y quien suscribe estas líneas, tal como recogen las imágenes previas (http://www.decf-cnr.org/images/archivio/lettera-c/Cerro_de_la_Mora.pdf). Hay que resaltar también que los márgenes cronológicos que aparecen en el texto publicado solo recogen las referencias temporales tradicionales, sin aplicar las correcciones proporcionadas por las calibraciones de las fechas de Carbono 14, que ya hemos publicado en otros sitios y que ajustarían las cronologías de referencia del yacimiento granadino (Cerro de la Mora) con los parámetros al uso en el resto de asentamientos del Bronce Final y época fenicia del mediodía de la Península Ibérica.
   
    Para encajar las fechas que se han incorporado en la publicación que destacamos, puede contrastarse con el cuadro que añadimos seguidamente, donde ya se han reflejado las correcciones calibradas de las fechas absolutas disponibles del sitio, respecto de los momentos prefenicio (La Mora I - Bronce Final) y fenicio (La Mora II - Orientalizante).


sábado, 11 de mayo de 2013

NUEVO REVÉS POLÍTICO EN LA PRESERVACIÓN DE LAS NECRÓPOLIS RUPESTRES Y DEL PATRIMONIO ROMANO DE OSUNA (SEVILLA)


La publicación El Balcón, que suscribe el Partido Popular de Osuna, ha publicado el pasado mes de marzo un artículo de fondo en el que se relata el tratamiento que se le ha dado, desde el gobierno municipal de la localidad sevillana, a una propuesta del grupo de oposición popular para tratar de salvar las necrópolis rupestres y el teatro romano. La respuesta de la corporación local ha sido dar carpetazo, sin siquiera debatir la propuesta y, mostrando, así, la falta de sensibilidad ante el patrimonio de los grupos políticos mayoritarios, siempre que sean los opositores quienes ofrezcan cualquier iniciativa. Es evidente que, con este tipo de actuaciones, los que pierden somos todos los ciudadanos, que seguimos aguantando la progresiva ruina y pérdida del pasado patrimonial de todos, mientras nuestros representantes públicos priorizan la confrontación política, llegando a confundir la lucha ideológica con la supuesta ideologización del pasado histórico, con lo que olvidan que ese pasado solo es patrimonio y herencia común, por lo que debiera preservarse por encima de tan ridículos enfrentamientos, que son más propios del estúpido y vacuo cacareo de un patio de vecinos.
El artículo en cuestión, lo reproducimos en la imagen 1, habiendo conservado la literalidad de lo publicado, aunque quitando el titular del mismo, que solo recalcaba la lógica propaganda del grupo popular frente a sus oponentes socialistas. Algo que tampoco interesa destacar aquí, salvo la evidente posición antipatrimonialista del grupo de gobierno del PSOE local:

1, El Balcón. Partido Popular de Osuna, Sevilla. marzo de 2013.

La propuesta del PP era bastante ambiciosa, porque no solo incluía a Las Cuevas, sino también el Teatro romano, así como la desafección de la antigua Vereda de Granada que, como es bien sabido, atraviesa de oeste a este buena parte del Bien de Interés Cultural (BIC) de la antigua Urso, haciendo indispensable su cambio de uso para la salvaguarda de todos los restos patrimoniales que su tránsito diario compromete tan negativamente. Toda una acción total para el yacimiento, que no es la primera vez que provoca posiciones políticas enfrentadas en la defensa (?) de sus vestigios arqueológicos; aunque en esas divergencias subyazcan ciertos criterios interpretativos que hayan podido sembrar dudas sobre la adjudicación histórica de algunos de los objetos patrimoniales que se han venido destacando. Con ello, tampoco pretendemos justificar de ninguna manera la ‘sorprendente’ toma de posición de los regidores de Osuna, ya que lo único que nos mueve es la libre denuncia de cualquier incongruencia de los administradores  públicos en la defensa del patrimonio.
En este sentido, y para el caso de Osuna, el detalle concreto de la cueva funeraria de la Vía Sacra sigue siendo un referente paradigmático y, quizás, uno de los casos más polémicos. Este inmueble funerario, para algunos ursaonenses, no pasaría de ser más que un simple eremitorio o espacio auxiliar de los rituales religiosos propios de esa zona, pero que debieron desarrollarse desde el mismo momento en que empezó a funcionar la ermita próxima, que sabemos fue una de las fundaciones religiosas tardías de la villa, en oposición a la gran mayoría de las conocidas que lo habían sido por mor del IV Conde de Ureña durante el Renacimiento, particularmente en el siglo XVI. Sin embargo, esta ermita dataría de los inicios del siglo XVIII (1715), si atendemos a los datos aportados por Valderrama y Valcárcel en su manuscrito de 1885. Incluso se ha llegado a afirmar de la cueva que pudiera tratarse de un elemento constructivo auxiliar, pero todavía más moderno y asociable a cualquier complemento de las propias infraestructuras del Vía Crucis, que por el propio Valderrama sabemos que se recorría entre la ermita de San Sebastián (actual Parroquia de Santo Domingo), en el centro del pueblo y este sitio, a diario, en el siglo XIX. Concretamente, esas infraestructuras corresponderían con las últimas cruces del citado camino de penitencia que aún eran visible delante de la cueva en las fotos antiguas que tenemos del sitio, desde principios del siglo XX (imagen 2), debidas 

2. La Cueva de la Vía Sacra de Osuna con las cruces del Vía Crucis. A partir de un original de Pierre Paris (1903). Archivo de la Casa de Velázquez, Madrid.


a Pierre Paris, así como a otros fotógrafos más ‘familiares’ de la primera mitad de esa centuria (imagen 3), en las que sigue apreciándose tanto la cueva ya arruinada, como las cruces que la flanqueaban entre ella y la ermita.

3. Arriba, la Cueva de la Vía Sacra de Osuna a principios del siglo XX desde el sur. La flecha indica su situación. Abajo, detalle de la misma zona en una foto de los años cuarenta. A partir de una foto del Archivo Fotográfico de J. Ruiz, Osuna.


Las cruces ya desaparecieron hace un cierto tiempo, como demuestran suficientemente las fotografías más recientes y actuales (imagen 4). Pero, desde aquellas instantáneas, quienes defienden la posición de una interrelación más directa de la ermita con la cueva, no parecen reparar en que las imágenes de aquella última época, con muy pequeñas diferencias, ya mostraban un hipogeo bastante deteriorado con un importante volumen de masa pétrea desaparecida, en un momento en que la comunidad de intereses de la institución religiosa y de la cueva deberían de haber sido más parejas respecto de sus particulares estados de conservación. Por ello, su construcción debiera ser muy anterior que ese último uso y, en todo caso, hubiera de corresponder, para hacer factible la primera de las hipótesis, con una fecha mucho más cercana a la de edificación de la ermita contigua. Aunque nosotros estamos convencidos de que se trata de una arquitectura bastante más antigua.

4. La Cueva y la Ermita de la Vía Sacra de Osuna en dos imágenes de 1986 (Carlos Ortega), a la izquierda y de 2006 (J. A: Pachón). 

Somos conscientes de que la falta de excavaciones, en el entorno de esta cueva, ha impedido la obtención de otras evidencias que apoyaran con mayor verosimilitud la interpretación que ya hiciéramos para el estudio de las necrópolis rupestres de Osuna (Pachón y Ruiz Cecilia, 2006). Pese a todo, nuestra posición interpretativa ha sido recogida en otras publicaciones de diversos investigadores, pasando a sumar la nómina inventarial de espacios necropolares romanos de los conventos jurídicos cordubensis y astigitano en particular (Ruiz,  2009: 179 ss.) y de la Bética en general (Vaquerizo, 2010: 103 ss.); así como, por nosotros mismos, en una más reciente aportación (Pachón, 2011: 201, fig. 8).
Nuestra posición es clara al respecto y, en el caso concreto de la cueva de la Vía Sacra, estaríamos ante un mausoleo familiar subterráneo de época romana, cuya construcción respondería a las transformaciones edilicias que afectaron a la ciudad preexistente, una vez que la misma recibiera el estatuto de colonia latina, tras la victoria de César ante los pompeyanos. Pero a ello debe sumarse el hecho de que, desde un punto de vista patrimonial, las edificaciones que quedan de la colonia y que conocemos, coincidentes con estructuras constructivas de cierta envergadura, corresponden –en su mayor número– con las sepulturas de las necrópolis rupestres, en las que hemos querido entrever algunos diseños que responden a normalizaciones arquitectónicas muy ortodoxas y que remiten, sin muchas dudas a la época clásica, y en concreto, a la expansión edificatoria del primer impulso colonial.

5. Osuna: Cueva de la Vía Sacra: vistas frontal y latero-interior. Planta reconstruida y secciones. A partir de Pachón y Ruiz, 2006.

Ello explicaría no solo la presencia de la gran necrópolis de Las Cuevas en el extremo oriental de la ciudad, coincidente con la salida de la Vereda de Granada (Pachón, 2011: fig. 4: 18), sino la constancia de otros mausoleos funerarios similares en el extremo norte de la Osuna antigua, en el Cerro de las Canteras. Aquí, el ejemplo conocido no sería otro que la cueva funeraria de la Vía Sacra, cuyos dibujos y fotografías (imagen 5) hemos rescatado para adaptarlos a este blog desde las publicaciones anteriores (Pachón y Ruiz, 2006: portada y fig. 16; Pachón, 2011: fig. 8). Un evidente empuje constructivo en el ámbito necropolar que no puede desligarse de las fuertes inversiones que el gobierno romano tuvo que hacer para potenciar la radicación en la ciudad de los coloni latinos que vinieron de la metrópoli. Este impulso económico y edilicio quedaría reflejado en la aparición de otras cuevas sepulcrales, destacando por su gran monumentalidad la del Caracol, junto a la lujosa ornamentación pictórica de algunas otras de ellas, datables en pleno alto imperio romano. Aunque el uso de tan singular espacio funerario se extendiese a tiempos tardo-antiguos.
Las discrepancias interpretativas del monumento fúnebre de la Vía Sacra no deben servir de excusa para la paralización de medidas preventivas que puedan llevarnos a su pérdida definitiva, si no se toman medidas urgentes y extraordinarias para su consolidación, evitando la pérdida del escaso 50 % del volumen que aún permanece en pie. La regularidad en su trazado, la presencia de bóvedas rebajadas, así como la existencia de arcosolios y nichos laterales son evidencias más que contrastadas para justificar una suficiente antigüedad de la construcción y la necesidad de su conservación, como paradigma singular del patrimonio ursaonense. Las concomitancias formales que entre este hipogeo encontramos con muchos otros ejemplos del resto de Las Cuevas de Osuna, explicarían un origen y uso común en ambos núcleos funerarios, por lo que las cautelas preventivas y conservacionistas deberían ser máximas al respecto.
Desgraciadamente, la situación parece otra. La pugna pública entre grupos municipales de dispar ideología ha acabado legitimando actuaciones contra los bienes culturales, en las que nuestros representantes políticos no pueden seguir mirando para otro lado, mientras la herencia patrimonial continua desapareciendo y deteriorándose. Osuna tampoco debe permitir mantenerse en una actitud tan perniciosa, que lleva demasiado tiempo de espaldas a sus vestigios arqueológicos. Las construcciones ilegales en el BIC de Urso han seguido multiplicándose, ante la inacción de las sucesivas corporaciones municipales. La mayor parte de Las Cuevas siguen bajo tutela privada y con un uso inadecuado de sus espacios mortuorios. El teatro romano, también bajo uso privado, está prácticamente abandonado. Por último, la Cueva de la Vía Sacra, de titularidad pública seguirá arruinándose, con la amenaza de inminente peligro de colapso, mientras nuestros responsables políticos siguen inmersos en pueriles enfrentamientos municipales, en los que parar cualquier iniciativa contraria es el único objetivo políticamente reconocible y deseable para la mayor parte de los ediles, por muy lamentable que pueda parecernos. 
En fin, esperemos que en un futuro no demasiado lejano puedan demandarse responsabilidades ante actuaciones tan negativas. Ni Osuna, ni Andalucía, ni España, ni el patrimonio arqueológico mundial merecen gestores tan incapaces, por mucho que sus cargos hayan sido provistos mediante mecanismos totalmente democráticos. Los ciudadanos merecemos garantes plenamente eficaces en la defensa del patrimonio común, cualquier otra cosa, y más en este caso particular, no sería sino simple prevaricación.


Bibliografía

PACHÓN ROMERO, Juan Antonio. 2011. “De la Urso tardo-republicana a la Colonia Genetiua Iulia. Un análisis desde la historiografía y la arqueología”. En Julián González y José Carlos Saquete (eds.) Colonias de César y Augusto en la Andalucía romana. Hispania Antigua. Serie Historica, 6. L’Herma di Bretschenider. Roma, pp. 187-222.
PACHÓN ROMERO, Juan Antonio y RUIZ CECILIA, José Ildefonso. 2006, Las Cuevas de Osuna. Estudio histórico-arqueológico de una necrópolis rupestre de la Antigüedad. Patronato de Arte de Osuna. Biblioteca de los Amigos de los Museos. Osuna.
RUIZ OSUNA, Ana B. Topografía y monumentalización funeraria en Baetica: Conventus Cordubensis y Astigitanus. Universidad de Córdoba. Servicio de Publicaciones. Córdoba.
VALDERRAMA Y VALCÁRCEL, Antonio, 1885. Memorial de algunos documentos no publicados ni impresos hasta hoy, pertenecientes a antigüedades de esta Villa de Osuna. Manuscrito inédito, Osuna.
VAQUERIZO GIL, Desiderio, 2010. Necrópolis urbanas en Baetica. Documenta, 15. Universidad de Sevilla e Institut Català d’Arqueologia Clássica. Tarragona. 

viernes, 5 de abril de 2013

¿USÓ EL BRONCE FINAL/HIERRO IBÉRICO LOS JUEGOS DE SEMILLAS COMO AÚN HACEN LAS TRADICIONALES CULTURAS AFRICANAS?

1. Bandeja pintada de Mengíbar, Jaén. © A partir de Pachón y Carrasco (2005: Gráf. 1 y Lám. 1) y el dibujo original de Cayetano Aníbal.


De sobras es conocido el interés por el juego entre las sociedades antiguas (Huizinga, 1951; Finkel, 2007),  pese a que su incidencia y conocimiento en las distintas partes del mundo ha sido muy diverso, dependiendo básicamente del estado de las investigaciones en cada sitio, así como de los hallazgos arqueológicos que hayan podido relacionársele. En el mediodía de la Península Ibérica, las culturas locales del Bronce Final pudieron llegar a conocer ciertos juegos de semillas, que podrían haberse integrado en los más genéricos juegos sociales de mancala (http://atil.ovh.org/noosphere/mancala.php), un entretenimiento de uso corriente en sociedades agrarias primitivas que aún pervive entre la inmensa mayoría de las poblaciones africanas (http://www.gamesmuseum.uwaterloo.ca/Archives/Culin/Mancla1894/index.html), en particular las sub-saharianas y las de la costa atlántica, más especialmente; aunque también se conoce ampliamente extendido en vastas zonas de Asia y de Próximo Oriente, estando en la actualidad arraigado igualmente en el continente americano, probablemente por su importación a través de las poblaciones esclavas procedentes originariamente del continente africano.
Pero la ampliación cronológica de la utilización de este tipo de juegos en la Península Ibérica podría tener ahora sentido, extendiendo la referencia hasta principios del primer milenio a.C., o incluso un poco antes; gracias a la nueva relación que podemos plantear, a tenor de antiguos hallazgos arqueológicos que comienzan a cobrar un nuevo sentido bajo la interpretación que aquí esbozamos. En este sentido, hace algunos años publicamos algunas recuperaciones arqueológicas cerámicas que podrían datarse en el Bronce Final o en los inicios de la Edad del Hierro y que, en conjunto, pudieron también relacionarse con el fenómeno orientalizante (Pachón et al. 1986; Pachón y Carrasco, 2005: gráf. 1 y 4, lám. 1), aunque sin olvidar que sus caracteres formales y estéticos también aludían a un sustrato cultural arraigado igualmente en el mundo prehistórico precedente (imágenes 1 y 2).
Esta posición no permitía hacer una fácil paralelismo con las cerámicas pintadas más conocidas del mediodía peninsular. Nos referimos al conjunto alfarero de El Carambolo, donde las soluciones pintadas eran mayoritarias  (Ruiz Mata, 1984-1985; Casado, 2003), aunque las bajas cronologías que tradicionalmente venían aplicándose a estas producciones dificultaban una contextualización más o menos sincrónica con aquellas, tanto en lo cronológico como en lo cultural. En tiempos más recientes, los últimos análisis científicos sobre el propio yacimiento sevillano de El Carambolo han matizado suficientemente una más alta fechación (Escacena et alii, 2007), acorde con grupos semíticos de la primera colonización en la Baja Andalucía, a los que cabría achacar, al menos en parte, la responsabilidad o una importante influencia en estas producciones cerámicas tan singulares. De todos modos, no es este el lugar para extendernos más profundamente en un debate que, en muchos aspectos, sigue aún abierto (Fernández y Rodríguez, 2005).

2. Bandeja lisa de Mengíbar, Jaén. © A partir de Pachón y Carrasco (2005: Gráf. 4) y el dibujo original de Cayetano Aníbal.


Sin embargo, en El Carambolo, su producción alfarera pintada no muestra motivos figurativos  (Buero Martínez, 1984: fig. 4 y 1987: 36) del calibre que nuestra primera bandeja ofrece. Por ello. la única serie ornamental que pudiera parangonarse en esta serie con la decoración de la cerámica de Mengíbar sería solo el motivo de eses (guilloche) que en nuestra primera bandeja (imagen 1) delimita el reborde de las seis cazoletas existentes. Sin embargo, los motivos floreados que se disponen en el fondo de esas mismas cazoletas serían un elemento divergente respecto de El Carambolo; por ello, desde un principio se interpretó esta decoración más en consonancia con el mundo ornamental de las producciones orientalizantes, o de su esfera de influencia. Desde luego, tampoco se han encontrado en el conjunto sevillano indicios que permitan formalizar ningún otro parangón en los aspectos formales de las vasijas cerámicas de uno y otro sitios.
Las primera interpretaciones que conseguimos argüir al respecto, no diferían mucho del habitual punto común al que recurrían los arqueólogos y prehistoriadores, cuando desconocían la concreta funcionalidad de los materiales en estudio. Situación que, en la mayoría de los casos, se cerraba con una conclusión bastante baladí y que no era otra que clasificarlos elementos analizados, como objetos rituales con una inespecífica utilidad. Aspecto sobre el que luego volveremos.
Con independencia de las concretas decoraciones superficiales de estas bandejas, lo interesante es la conformación tipológica de las mismas, que son las que podemos acabar relacionando con los juegos agrícolas que se han señalado al principio. Las dos bandejas cerámicas que aparecen en nuestras ilustraciones procederían de la misma zona andaluza de la provincia de Jaén, Mengíbar. Son dos bandejas de forma inédita dentro de los corpora cerámicos más conocidos en torno al tránsito entre el II/I milenios a.C., con paralelos exclusivos en Cástulo: así ocurre en su necrópolis de los Patos, donde un recipiente similar solo conservaba tres del conjunto total de las cazoletas originales (Blàzquez, 1975a: 110, fig. 53: 25, lám. XIIL: 4). Por otro lado, existe otro fragmento que debe pertenecer al espacio intermedio entre cazoletas/platillos de este mismo tipo, pero que se recogió en la Muela, aunque sus excavadores lo incluyeran en un grupo cerámico revestido de almagra, pero diferente al pintado (Blázquez y Valiente, 1981: fig. 56:479). También en La Muela se han detectado bordes de platillos con decoraciones pintadas, parecidos a los de nuestro primer ejemplar, por lo que nos parece que han de corresponder a casos idénticos (Ídem, 1981: fig. 19:12 y 73: 630).
Consideradas estas semejanzas, no hemos alcanzado a conocer paralelos indígenas, ni foráneos, que permitan una articulación cronológica de estos característicos vasos, aunque la única realidad conocida, que procedería de la tumba XIX de Los Patos, no arroja ninguna asociación con productos cerámicos a torno. Esta circunstancia es muy significativa, porque podría constituir una base para argumentar una teoría razonable sobre la aparición de estos artículos, previa a la llegada de los elementos fenicios; aunque, sin olvidar que los paralelos de La Muela esbozan una línea que disiente de esto, así como las comparaciones que se derivan de las decoraciones pintadas y que trataremos de exponer.
Pese a estar considerando formas prácticamente idénticas, un caso aparte debe considerarse la bandeja pintada  (imagen 1), respecto de la cual, el ejemplar liso (imagen 2), al no presentar un sólo vestigio pintado, debe excluirse deliberadamente de un análisis ornamental. Así, la decoración conservada ya sabemos que se basa en el empleo de una serie de trazos en color blanco sobre un baño general de almagra, que recibió la vasija en la superficie que iba a adornarse: en este caso, la parte superior. Tal particularidad ofrece un carácter distintivo en relación al resto del material que puede considerarse, y que –en cualquiera de los casos– nunca recibió ni aguada de almagra ni pintura blanca.
Sin considerar, entonces, la forma que indudablemente es un referente distanciador, encontramos una técnica similar en la decoración de un fragmento cerámico procedente de la provincia de Córdoba, en la Colina de los Quemados (Luzón y Ruiz Mata, 1973: 17, lám. XV: b, c, d.) que, aunque sobre un recipiente indígena, ofrece un ornamento blanco cubriendo una base roja. Un motivo más complejo, que no solo incluye pintura blanca sobre el fondo rojo, sino que también se alternan con otros trazos amarillos (Bonsor, 1889; Amores, 1982), estaría en un vaso de la Cruz del Negro, en el entorno de Carmona, en la provincia de Sevilla. De un modo similar, de otro yacimiento no muy alejado de los ejemplos anteriores, deberíamos situar el fragmento de Cerro Macareno (Pellicer et alii, 1983: 74 ss.), también en tierras sevillanas, pero ahora es una decoración de color amarillo la que se extiende sobre el fondo bañado de almagra.
En base a esta técnica pictórica, con independencia de las pequeñas variaciones, podemos presumir que estamos ante productos que deben proceder de idénticos ambientes culturales; hecho que demostraría la misma circunstancia de estos últimos hallazgos, asociados siempre a producciones torneadas. Igualmente, la inexistencia de estos vasos en ambientes previos al torno podría estar indicando ya un jalón cronológico sobre la que bascular su inicio: alrededor del impacto colonial fenicio, o muy poco después. Tal situación contextual permitiría paralelizar estas recuperaciones cerámicas, total o parcialmente, con otros conjuntos pintados como los de Medellín (Almagro-Gorbea, 1977: 313 ss., figs. 115-116, lám. LXVIIL: l); donde, además, encontramos una clara asimilación del torno de alfarero por parte del mundo indígena, adaptación que debió producirse en un momento algo posterior a la arribada fenicia y que se ha situado —muy aproximativamente— en el siglo VII a.C. (Ídem, 1977: 454 ss. y 460).
Estas circunstancias coinciden con los paralelos que para la cerámica de Mengíbar, que aquí mostramos, encontramos en el sitio de Cástulo, donde ya dijimos que aparecieron restos pintados semejantes al nuestro. Tanto sobre vasos abiertos,  como cerrados, pero conformando unos paralelos que procederían de los niveles de habitación del poblado indígena de La Muela y que fueron fechados en los siglos VIII/VII a.C., junto con importaciones a torno. No obstante, no se trata de las únicas referencias que permiten cotejar nuestros recipientes.
Existen otros paralelos, no por la forma, pero sí por la técnica decorativa e incluso por los motivos empleados en la misma. Partamos del hecho de que en la bandeja (imagen 1) aparecen tanto elementos decorativos en S, como florales, lo que nos lleva a los únicos motivos naturalistas conocidos de estas cerámicas pintadas. Un hecho personalísimo que podría enlazar con lo conocido en el grupo de Medellín, al margen de las coincidencias que podrían encontrarse en la cerámica monocroma procedente del Bajo Guadalquivir, pero que creemos compondría un fenómeno totalmente aparte. Los motivos pintados vegetales enlazan con otros que provienen tanto de Extremadura, como de la misma Cástulo, concretamente de la necrópolis del Estacar de Robarinas, dados a conocer por Antonio Blanco Freijeiro (1965) y, posteriormente, por José M.ª Blázquez (Blázquez y Valiente, 1982: figs. 19: 42 y 35: 214).  En esta necrópolis se recogieron unas urnas funerarias realizadas a torno, pero que ofrecen una decoración pintada superficial, de idéntica factura a las que muestran nuestra imagen.
Desde un punto de vista cronológico, podemos también apoyarnos en las composiciones figurativas de estos ornamentos cerámicos. Los motivos de meandros de la bandeja de Mengíbar existen en cerámicas torneadas procedentes de esos sitios arqueológicos de La Muela y del Estacar de Robarinas (Ídem, 1982: Abb. 7: derecha), pero también se han encontrado en restos de vasos facturados a mano del cercano sitio de La Muela (Ídem, 1981: figs. 33: 201 y 73: 630; Blázquez et alii, 1985; figs. 151: 18), lo que debe indicar un antecedente claro de este tipo de contenedores frente a los paralelos torneados que se han indicado previamente. Bajo estos presupuestos, si las cerámicas orientalizantes andaluzas pintadas y torneadas con motivos naturalistas y vegetales se pueden fechar en el siglo VII a.C. (Chaves y Banderas, 1983: 142; Pachón et alii., 2005), nada nos impide aproximarnos a un siglo VIII a.C. para los ejemplares a mano, como podría ocurrir con nuestras bandejas, si no son anteriores y de pleno horizonte prehistórico previo a lo fenicio. La aparición del rosetón sobre el fondo de los platillos en el recipiente de Mengíbar podría incluso interpretarse como la trasposición de los motivos geométricos estrelliformes anteriores, ante el nuevo naturalismo aportado por la moda orientalizante, posiblemente antes de que hicieran acto de presencia otros elementos decorativos, probablemente más característicos del nuevo momento, como las flores de loto que sí se conocen ya en Robarinas (Blázquez y Valiente, 1982: fig. 3a) y que podrían estar apuntando hacia un momento posterior, influido directamente por las aportaciones llegadas del Mediterráneo Oriental (Blázquez, 1975b: 110 ss., fig. 35).
Finalmente, haciéndonos eco del título con que encabezamos esta entrada, quedaría por concretar la funcionalidad que tuvieron los recipientes cerámicos de cazoletas múltiples que se muestran. Para ello, tampoco debemos olvidar el interés que representa la vieja interpretación  basada en el prejuicio de una utilidad desconocida e inalcanzable de estos objetos, que era la que condujo a muchos investigadores de antes y de ahora a mantener una lectura en la que ciertos ítems, y estas bandejas de modo particular, se han relacionado con prácticas rituales de diversa índole. En unos casos, se trató de una posición que encontraba apoyo en la constatación arqueológica de ciertos espacios cultuales, como el que se descubrió  en Cástulo —en los lugares de los hallazgos que hemos relacionado— de un santuario (Blázquez, 1983: 76 ss.; Blázquez y Valiente, 1985: 179 ss.) y de las conocidas necrópolis que se le relacionaron como la de los Patos. Si, además, el santuario puede emparentarse con hábitos traídos o relacionados con el mundo oriental (Blázquez et alii, 1984: 241 ss., 246 ss.; Blázquez y Gelabert, 1985), es muy posible —como ha venido afirmando Blázquez— que estas producciones pintadas (bandejas y sus decoraciones) sean atribuibles al mundo fenicio, directa e indirectamente, así como al de su periferia cultural y cronológica.
No obstante, esa constatación funcional, que razonablemente se establece a partir de paralelos arqueológicos, formalizaciones tipológicas y composiciones ornamentales adscritas al fenómeno orientalizante, llegando a penetrar en el trasfondo autóctono de los epígonos del Bronce Final y  explicando puntualmente las características que se han destacado en nuestras bandejas, no es óbice para que también podamos asociarlas a otras actitudes igualmente culturales. Entre ellas cabría considerar  la posibilidad de que estos vasos hubiesen servido como soporte para determinados juegos, tal como puede rastrearse entre algunos pueblos de Etiopía que sabemos utilizan bandejas similares —mayormente de madera— y que ofrecen un variable número de receptáculos, o entre los azande del noroeste del Congo. En algunos pueblos  clásicos  (Mauss, 1971: 154 ss., fig. 36E) se utilizaban estas bandejas para ofrendar a los dioses los primeros granos de las cosechas.
En Europa, este tipo de juegos se conocería desde etapas más antiguas, al igual que en otras zonas del mundo, donde parece que ya podría haber sido corriente, posiblemente desde el Neolítico (Schädler, 2007; http://www.tradgames.org.uk/games/neolithic-games.htm), explicando la íntima relación que tales divertimentos tenían, y lo siguen teniendo, entre quienes forman parte de las comunidades con economías fundamentalmente agrícolas. El uso de estos entretenimientos llegó a estar muy extendido, geográfica y cronológicamente, hasta alcanzar tiempos romanos (Schädler, 1998; Voogt, 2010), momento en que ya debían estar muy implantados en la Península Ibérica, aunque lo más habitual parece que fueron los juegos sobre tableros planos y diseños más acordes con el tradicional ‘tres en raya’, pero sin faltar otros de cazoletas como se conocen en lugares tan emblemáticos como la propia Augusta Emerita (Hidalgo y Costas, 2008; Hidalgo, 2013) y de donde hemos obtenido la fotografía que adjuntamos (imagen 3).

3. Tablero marmóreo de juegos romano con cazoletas procedente de Mérida. © A partir de una foto original de J.M. Hidalgo.

      Esto supondría una general utilización en este tipo de juegos, que no solo se adscribirían hasta tiempos de la antigüedad clásica, sino que hubo de prolongarse a lo largo del periodo visigótico y de los inmediatamente posteriores (Abad Casal et al., 2000: fig. 17A; http://juegosdetablerosromanosymedievales.blogspot.com.es/2008_06_01_archive.html), por lo que no debería extrañarnos lo más mínimo su más exhaustiva constatación en época medieval islámica  (http://mancala.wikia.com/wiki/Andalusian_mancala_boards), donde encontramos soportes de juego de una gran elaboración y materiales muy lujosos como el marfil, presente en una caja de juegos conservada en Burgos (imagen 4).

4. Caja ebúrnea califal de juegos del Museo Provincial de Burgos. A partir de http://www.oronoz.com.

Con el paso del tiempo este tipo de juegos fue perdiendo interés en las sociedades occidentales hasta su práctica desaparición, pero hallazgos arqueológicos como el destacado de las dos bandejas de Mengíbar y los otros vestigios residuales de Andalucía Orienal, que aquí hemos destacado, contribuirán a comprender mejor cómo su uso se remonta en la Península Ibérica a tiempos prehistóricos, habiendo estado presente en el Bronce Final y el Orientalizante a través de tableros cerámicos no faltos de una estética muy cuidada. Su desaparición en estos territorios contrasta con su permanencia en sociedades que han mantenido una mayor impronta de los modos de vida tradicionales, especialmente agrícolas. Pero esta relación con una economía, más o menos de susbsistencia, tampoco anularía la posibilidad de que en origen estos hábitos también hubiesen estado relacionados con ideas más abstractas que pudieron arraigarse con la concepción del mundo y las creencias religiosas.


Bibliografía

☞ ABAD CASAL, Lorenzo; GUTIÉRREZ LLORET, Sonia y GAMO PARRAS, Blanca. 2000, “La basílica y el baptisterio del Tolmo de Minateda (Hellín, Albacete), AEspA, 73: 193-221.
☞ ALMAGRO-GORBEA, Martín. 1977, El Bronce Final y el Período Orientalizante en Extremadura, BPH, XVI, Madrid.
        ☞ AMORES CARREDANO, Fernando de. 1982, Carta arqueológica de los Alcores (Sevilla), Sevilla.
☞ BÉART, C. 1955, “Jeux et Jouets de l'Ouest Africain (Memorias No. 42)” . IFAN, Dakar (Senegal): 512-514.
☞ BLANCO FREJEIRO, Antonio. 1965, “El ajuar de una tumba de Cástulo”, Oretania, 19: 7-60.
        ☞ BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José M.ª 1975a, Cástulo I, AAH, 8, Madrid.
☞  BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José M.ª 1975b, Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia de Occidente, Salamanca.
☞ BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José M.ª 1983, Religiones prerromanas. Primitivas Religiones Ibéricas. II. Madrid.
☞ BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José M.ª y GARCÍA-GELABERT PÉREZ, María P. 1985, "Análisis de los pavimentos de cantos rodados en Cástulo (Jaén)". RevArq, 51: 13-22.
☞ BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José M.ª, GARCÍA-GELABERT PÉREZ, María P. y LÓPEZ PARDO, Francisco. 1984, "Evolución del patrón de asentamiento en Cástulo. Fases iniciales", Arqueología Espacial 4, Teruel: 241-252. 
☞ BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José M.ª, GARCÍA-GELABERT PÉREZ, María P. y LÓPEZ PARDO, Francisco. 1985, Cástulo V, EAE. 140, 1985
☞ BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José M.ª y VALIENTE MALLA, Jesús. 1981, Cástulo III, EAE, 117, Madrid.
☞ BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José M.ª y VALIENTE MALLA, Jesús. 1982, "El poblado de la Muela y la fase orientalizante en Cástulo (Jaén)", Madrider Beiträge. 8: 407-428.
☞ BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, José M.ª  y VALIENTE MALLA, Jesús. 1985, "El santuario preibérico de Cástulo. Relaciones entre la Meseta  y Andalucía en la protohistoria", Actas del III Coloquio sobre lenguas y culturas paleo-hispánicas. Salamanca: 179-200.
☞ BONSOR, Jorge. 1899, "Les colonies agricoles pré-romaines de la Vallée du Bétis", RA, 35: 126-391.
☞ BUERO MARTÍNEZ, María S. 1984, "Los motivos naturalistas en la cerámica pintada del Bronce Final del Suroeste Peninsular", Habis 15: 345-364.
        ☞ BUERO MARTÍNEZ, María S. 1987, "El Bronce Final y las cerámicas 'tipo Carambolo'", RevArq,. 70: 35-47.
☞ CASADO ARIZA, Manuel J. 2003, “Reflexiones sobre la cerámica tipo Carambolo. ¿Un axioma de la arqueología protohistórica del suroeste andaluz?”, Spal, 12: 283-298.
☞ CHAVES TRISTÁN, Francisca y María L. de la BANDERA ROMERO, María L. de la. 1983, "Figürlich verzierte keramik aus dem Guadalquivir-Gebiet. Die Funde von Montemolín (bei Marchena, Prov. Sevilla)", M.M. 27: 117-150.
☞ ESCACENA CARRASCO, José Luis; FERNÁNDEZ FLORES, Álvaro y RODRÍGUEZ AZOGUE, Araceli. 2007, “Sobre el Carambolo: un Híppos sagrado del santuario IV y su contexto arqueológico”, AEspA, 80:  5-28.
☞ FERNÁNDEZ FLORES, Álvaro y RODRÍGUEZ AZOGUE, Araceli. 2005, “El complejo monumental del Caram-bolo Alto, Camas (Sevilla). Un santuario orientalizante en la paleo-desembocadura del Guadalquivir”, Trabajos de Pre-historia, 62 (1): 111-138.
☞ FINKEL, I. L., ed. 2007, Ancient Board Games in Perspective. Papers from the 1990 British Museum Colloquium.
☞ HIDALGO CUÑARRO, José M. y COSTAS GOBERNA, Fernando J. 2008, “Emérita e Itálica: juegos de tableros romanos”, Revista de Arqueología del siglo XXI, 322: 53-63.
☞ HIDALGO CUÑARRO, José M. 2013, “Nuevos tableros de juegos romanos de Emérita Augusta”.  Esta  entrada  fue  publicada  en  el  mes  de  enero,  en  el  enlace  web  siguiente:
☞ HUIZINGA, J., 1951, Homo Ludens, Essai sur la fonction sociale du jeu. Traduit du néerlandais par Cécile Seresia, Les Essais XLVII, Gallimard.
☞ LUZÓN NOGUÉ, José M.ª y RUIZ MATA, Diego. 1973, Las raíces de Córdoba. Estratigrafía de la Colina de los Quemados, Córdoba.
☞ MAUSS, Marcel. 1971, Introducción a la Etnografía. Ed. Istmo. Madrid.
☞ PACHÓN ROMERO, Juan A. y CARRASCO RUS, Javier. 2005, Las cerámicas policromas orientalizantes y del Bronce Final desde la perspectiva granadina. Universidad de Granada.
☞ PACHÓN ROMERO, J. A., CARRASCO RUS, J. y ANÍBAL GONZÁLEZ, C. 1986, “Cerámicas policromas del Bronce Final procedentes de Jaén y Córdoba”, CPGR., 11: 199-235.
☞ PACHÓN ROMERO, Juan A., CARRASCO RUS, Javier y ANÍBAL GONZÁLEZ, Cayetano. 1994, "Decoración figurada y cerámicas orientalizantes. Estado de la cuestión a la luz de los nuevos hallazgos", CPGr., 14-15 (1989-90), Granada: 209-272.
☞ PELLICER CATALÁN, Manuel, ESCACENA CARRASCO, José Luis y BENDALA GALÁN, Manuel. 1983, El Cerro Macareno, EAE, 124, Madrid.
☞ PINTO CEBRIÁN, F. 1999,  Juegos saharauis para jugar en la arena. Juegos y juguetes tradicionales del Sáhara. Madrid.
☞ R UIZ MATA, Diego. 1984-85, “Puntualizaciones sobre la cerámica pintada tartésica del bronce final — estilo carambolo o guadalquivir —“, CUPAUAM, 11-12: 225-243. 
☞ SCHÄDLER, Ulrich. 1998, “Mancala in Roman Asia Minor?”, Board Games Studies, 1. Leiden:  10-25 (http://www.boardgamestudies.info/pdf/issue1/BGS1Schaedler.pdf). 
☞ SCHÄDLER, Ulrich (éd.), 2007. Jeux de l’humanité. 5000 ans d’histoire culturelle des jeux de société. Slatkine, Genève.
☞ VOOGT, Alex de. 2010, “Mancala players at Palmyra”, Antiquity, vol. 84, nº 326 (diciembre):  1055-1066.

sábado, 9 de marzo de 2013

MÁS SOBRE LA FÍBULA DE CODO 'TIPO HUELVA'


     La revista de Trabajos Prehistoria, en su fascículo 2 (julio-diciembre) del año 2012 (nº 69,2), editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid (pp. 310-331), acaba de sacar a la luz un artículo sobre las fíbulas de codo del 'tipo Huelva', en el que participamos como coautor. En él se trata de poner orden a sus problemas de nomenclatura, definición tipológica y cronología. Un problema que, en otras publicaciones, sigue confundiendo la más certera comprensión de estas fíbulas en la dinámica económica y cultural del final de la prehistoria en la Península Ibérica.
       El sumario completo en el presente número de esta revista es el siguiente:

1. Artículos:
« Rothenberg (Frankfurt, Alemania 1914 - Ramat Gan, Israel 2012).  In memoriam»  (207-211)
Mark A. Hunt Ortiz

«¿Es el lenguaje (complejo) el resultado de una transferencia genética entre neandertales y humanos modernos?» (212-231)
Antonio Benítez-Burraco

«Variación en la explotación de la cuarcita durante el Paleolítico Superior en el Suroeste de la Península Ibérica» (232-256)
Telmo Pereira, João Cascalheira, João Marreiros, Francisco Almeida, Nuno Bicho

«El abrigo de Martinarri (Obécuri, Treviño): una ocupación del Tardiglaciar en la Cuenca Alta del Ebro» (257-272)
Alfonso Alday, Adriana Soto, Judit López de Heredia, Unai Perales

«Ocre y cinabrio en el registro funerario de El Argar» (273-292)
Juan A. López Padilla, M.ª Paz de Miguel Ibáñez, Matilde Arnay de la Rosa, Luis Galindo Martín, Clodoaldo Roldán García, Sonia Murcia Mascarós

«La plata de la Cultura de El Argar del Sur de la Península Ibérica: una primera aproximación a su producción y distribución» (293-309)
Martin Bartelheim, Francisco Contreras Cortés, Auxilio Moreno Onorato, Mercedes Murillo-Barroso, Ernst Pernicka

«Fíbulas de codo “tipo Huelva” en la Península Ibérica: nuevos datos y comentarios historiográficos» (310-331)
Javier Carrasco Rus, Juan Antonio Pachón Romero, Ignacio Montero-Ruiz, Jesús Gámiz Jiménez

2. Noticiario
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«Caracterización morfológica de almidones de los géneros  Triticum  y Hordeum  en la Península Ibérica» (332-348)
Francisco Javier Aceituno Bocanegra, José Antonio López Sáez

«Arte mueble paleolítico en el interior peninsular: la cueva de Maltravieso (Cáceres, España)» (349-356)
Marcos García-Díez, Antonio J. Rodríguez Hidalgo, Antoni Canals Salomó

«Procedencia de las puntas de jabalina del “Dolmen de la Pastora” (Valencina de la Concepción, Sevilla)» (357-374)
Mark A. Hunt Ortiz, M. Isabel Martínez Navarrete, Víctor Hurtado Pérez, Ignacio Montero-Ruiz

«Ámbar en la Meseta Oriental durante el Bronce Final: yacimientos locales e importaciones bálticas» (375-384)
M.ª Luisa Cerdeño, José Antonio Martínez, Fernando Agua, Teresa Sagardoy, Manuel Monasterio

«Aspectos comerciales acerca de dos fragmentos de cerámica ática procedentes del Puerto de Ibiza» (385-393)
Joan Ramon Torres, Marcus Heinrich Hermanns

3. Recensiones y Crónica científica
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Recensiones (394-404)
Gill Varndell, Jean Guilaine, Richard J. Harrison, Bob Chapman, Rui Mataloto, Teresa Chapa Brunet

4. Libros recibidos
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Reseña y libros recibidos (405-406)
Equipo Editorial
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     En cuanto a nuestro artículo, a partir del hallazgo de una nueva fíbula de codo “tipo Huelva” que se localizó en la región gallega, se establece un debate dialéctico en el que se analizan otras piezas similares localizadas en el entorno del Cerro de los Infantes (Pinos Puente, Granada) que, junto a especímenes ya conocidos, conforman uno de los grupos fibulares más importantes de la Península Ibérica. La discusión de su tipología y cronología, así como su relación con otros tipos similares del ámbito mediterráneo, permiten comprobar su carácter autóctono.

     El texto completo del trabajo puede descargarse en el siguiente enlace:  http://tp.revistas.csic.es/index.php/tp/issue/current/showToc

domingo, 20 de enero de 2013

LAS «CUEVAS DE OSUNA» Y LO QUE LA ADMINISTRACIÓN ENTIENDE POR SALVAGUARDA DE UN BIEN DE INTERÉS CULTURAL (BIC)

1. Osuna. Panorámica de la cueva sepulcral de la Vía Sacra (izquierda) en 2005, en el entorno de Las Canteras y junto a las ruinas de la ermita renacentista. © Juan A. Pachón.

Hace ya seis años desde que publicamos la monografía sobre la necrópolis rupestre de Las Cuevas de Osuna (Pachón y Ruiz Cecilia, 2006), pero cada día que pasa representa una amenaza constante sobre su supervivencia; de modo, que, de seguir así su situación, no debería extrañarnos que lo próximo que tengamos que anunciar sea su desaparición. La semana pasada, el diario Viva Sevilla publicaba una noticia al respecto (Fernández Caro, 2013), en la que se incidía sobre el lamentable estado de deterioro que sigue afectando a este monumento histórico, pese a su declaración patrimonial de BIC, que exige la máxima protección contemplada en el actual régimen jurídico de la vigentes leyes de patrimonio españolas (LPHE y LPHA) que afectan a Andalucía.
Aunque la foto inicial que abre esta entrada ofrece una imagen reciente de una de esas cuevas, esta está fuera del grupo principal que da nombre al sitio, pero también muestra el mismo estado de deterioro penoso, con parte de la estructura en peligro de colapso y el mantenimiento de menos de la mitad del volumen constructivo original (imagen 1). El hecho de que la cueva se sitúe en espacio público nos hace ser algo más optimistas respecto de su posible y más fácil recuperación, pese a que las sucesivas corporaciones municipales de Osuna hayan hecho hasta ahora oídos sordos para intervenir directamente en su conservación. No obstante, esa inacción  no difiere demasiado de otras actuaciones igualmente ineficaces en ayuntamientos con restos patrimoniales, pero en Osuna resulta más chocante por el gasto empleado en arreglar accesos en el yacimiento (Vereda de Granada), o incluso en dotar a las proximidades de la tumba aludida de un espacio de ocio (usado como botellódromo) con áreas arboladas, aunque sin dedicar –en cambio– ni un solo euro para la mínima y necesaria rehabilitación de la cueva. Pero, como decimos, seamos optimistas al menos con los bienes culturales de propiedad pública que, respecto de Las Cuevas de Osuna, lo son solo parcialmente. Lo más preocupante sigue siendo la parte de la necrópolis rupestre que continúa en manos privadas, como manifiesta el artículo de prensa de referencia (imagen 2) y las imágenes que vamos a comentar:

2. Artículo de opinión sobre la lamentable situación de Las Cuevas de Osuna. © Viva Sevilla.

En primer lugar, en el núcleo principal de Las Cuevas, el dominio privado sobre el espacio patrimonial es mayoritario, algo que venía siendo habitual desde bastante tiempo atrás. Lo importante es el cambio de uso que se le ha dado a la finca donde se sitúa esa parte de la necrópolis y que puede observarse en las imágenes de la entrada a la Cueva del Caracol (imagen 3), que ilustran ese cambio en el trascurso de tres decenios. Desde 1973, cuando el terreno se explotaba mediante una sencilla agricultura de secano y olivar que no afectaba a las construcciones rupestres, hasta 2005, cuando ya se había producido el añadido de una explotación ganadera que utilizaba esa misma cueva como aprisco permanente para el ganado, pero que ha llegado a alterar el hueco de acceso al subterráneo, por no hablar de las inmediaciones de esa entrada.

3. Osuna. Entrada a la Cueva del Caracol en 1973 (izquierda), según R. Corzo y en 2005 (derecha), según Juan A. Pachón.

La finca ha sufrido, además, cambios muy profundos que han acabado con aquel aspecto estrictamente rural y bucólico, que la caracterizaba hasta principios de la década de los setenta del siglo pasado. Pese a ser una transformación lenta, en la actualidad, el cambio de fisonomía ha sobrepasado un nuevo límite, generando volúmenes constructivos de uso auxiliar para el ganado que comprometen la estabilidad de los subterráneos, al añadir a las cubiertas pétreas naturales unos pesos que amenazan con un más que inminente hundimiento.

4. Osuna. Parte oriental del yacimiento, según el 'Vuelo americano' de 1956. Se señala el área de las Cuevas de Osuna. El punto rojo indicaría la situación de la Cueva del Caracol, al norte de la Vereda de Granada.

     El punto de partida podría señalarlo la figura anterior, que visualiza la zona necropolar de Las Cuevas de Osuna en la década de los cincuenta del siglo pasado, cuando la situación no debía ser muy distinta de la que se había detectado durante las excavaciones del siglo XVIII (Rodríguez Marín, 1889), con algunas de las cuevas exploradas entonces, ocultas o a medio enterrar por las tareas agrícolas tradicionales, propias del cultivo olivarero de secano secular. La fotografía recogida en nuestra imagen 3, izquierda, ilustraría perfectamente la realidad de aquel momento, prolongada hasta los años setenta.
     Las primeras transformaciones se han hecho evidentes en las imágenes aéreas que se conservan en el archivo histórico del visor cartográfico de Google y del que hemos recogido la imagen correspondiente a 2004, cundo ya se había construido un chalet y algunas dependencias junto y delante de la Cueva del Caracol, tal como muestra parcialmente la imagen 3, derecha.

5. Osuna. Parte oriental del yacimiento, en 2004, según Google Earth. Se señalan los mismos detalles de la imagen anterior.

    La antropización del entorno de Las Cuevas es igualmente evidente en otras zonas, pero respecto de la necrópolis que tratamos, el rectángulo blancuzco y las pequeñas manchas azuladas, bajo el punto de La Cueva del Caracol que se aprecian en la imagen 5, explicitarían perfectamente esa transformación progresiva del área funeraria de Osuna y su imparable deterioro. Aunque todavía se conserva el viejo olivar que ocupaba parcialmente el espacio necropolar, así como su entorno septentrional. Aunque hoy, la transformación parece ya definitiva (imagen 6).

6. Osuna. Parte oriental del yacimiento, en 2011, según Google Earth. Las nuevas construcciones vuelven a interesar y sobrepasar el núcleo central de Las Cuevas, además de haberse extraído los viejos olivos que cubrían toda la finca y que aún eran visibles en las anteriores vistas aéreas.

     Aunque la declaración BIC del yacimiento de Osuna se produjese en el año 2000 (Jofre y Ruiz Cecilia, 2001), las actuaciones constructivas que deben considerarse antipatrimoniales han seguido sucediéndose, como si nada hubiese cambiado con la protección patrimonial del sitio. Nos referimos sustancialmente a construcciones y alteraciones de todo tipo: casas en la calle Cantera Luisa, ilegales por lo demás; trasformación de la cantera de El Coto, con seguridad de origen romano; levantamiento de naves ganaderas y socavamiento del subsuelo en Las Cuevas para nuevas plantaciones y adecuación de la explotación agropecuaria, etc.

7. Arriba: arranque a la izquierda de la calle de Arcadio Martín, tallada en la roca, a cuyos lados se abre el resto de subterráneos mortuorios documentados en el siglo XVIII (año 2000). Abajo: La misma calle prácticamente vaciada del relleno arqueológico que todavía la salvaguardaba un quinquenio antes (año 2006). Obsérvese el inadecuado y destructivo uso ganadero del espacio funerario romano. © Juan A. Pachón.

     Prueba de ello es la limpieza que se hizo en Las Cuevas de la denominada Calle de Arcadio Martín (imagen 7), donde se habían descubierto las pinturas parietales romanas que se publicaron en el último cuarto del siglo XIX (Ríos, 1880) y que había permanecido sepultadas hasta hace poco tiempo (fig. 8),  asegurando la cierta conservación de esos frescos policromos que hoy están prácticamente desaparecidos, como pudo comprobarse en la última exploración a principios de esta centuria, probablemente por la exposición a la intemperie y la humedad desde que se pusieron nuevamente al descubierto. Desgraciadamente, la cerrazón de los propietarios para hacer más franco el acceso a la necrópolis ha impedido un seguimiento exhaustivo de la evolución de esas pinturas; pero, parece claro que la casi absoluta pérdida de las mismas se debe, en gran medida, a las condiciones en que las cuevas permanecen y al dramático cambio de sus condiciones de conservación producido en las mismas desde su desenterramiento.

8. Osuna: Cuevas de Osuna. Las pinturas de la cueva 2, según D. de los Ríos, a partir de su lámina III. A partir de Pachón y Ruiz Cecilia (2006: 171, Fig. 3).

     Pero, si las causas más directas de estos ataques al patrimonio deben buscarse en las acciones unilaterales de muchos e incívicos particulares, tampoco podemos eximir de responsabilidad a las instituciones públicas que son las que, por encima de los delitos privados, han de velar por el cumplimiento de la ley y por preservar el patrimonio histórico, adecuando todas sus actuaciones sin entrar en contradicción alguna consigo misma. En el caso de Osuna, en el de sus cuevas sepulcrales romanas y en el de buena parte del yacimiento arqueológico de la antigua Urso, la contradicción es palpable. La declaración BIC no es compatible con el mantenimiento de las tradicionales prácticas antipatrimoniales, ya que la nueva situación de protección exige del administrador el celo que nunca se ha tenido en el sitio, aunque de momento los hechos parezcan indicar que tampoco se tendrá.
     Como ciudadanos, estamos obligados denunciarlo y exigírselo a nuestras autoridades locales y autonómicas. Ni siquiera vale argumentar la imposibilidad propia de la carestía que se deriva de la delicada situación económica, ya que buena parte de las desgraciadas intervenciones contra el yacimiento se han venido haciendo desde mucho antes, incluso en tiempos de bonanza económica. Pero, además, si el problema es solo crematístico, muchos son los caminos de donde obtener recursos para invertir en la Osuna de nuestros ancestros, como han sabido hacer otros muchos sitios como  Baena (véase la entrada anterior de este mismo blog). Dejar de hacerlo empieza a ser no solo una simple dejadez de las obligaciones de nuestros administradores, sino una clara implicación delictiva de la que habrá que empezar a exigir responsabilidades donde proceda. La catalogación de un yacimiento arqueológico con la figura de BIC no admite, en su interpretación, doblez alguna: solo protección, protección y protección del bien catalogado.


Bibliografía

FERNÁNDEZ CARO, F. 2013: «Patrimonio arqueológico en estado de coma», Viva Sevilla. 16 de enero, p. 2.

JOFRE SERRA, C. A. y RUIZ CECILIA, J. I. (2001): «El B.I.C. de la zona arqueológica de Urso», Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, 3, pp. 19-20.

PACHÓN ROMERO, J. A. y RUIZ CECILIA, J. I. 2006: Las Cuevas de Osuna. Estudio histórico-arqueológico de una necrópolis rupestre de la Antigüedad. Asociación de Amigos de los Museos. Osuna. (Esta obra recoge toda la documentación existente del yacimiento).

RÍOS Y SERRANO, D. de los. 1880: «Las Cuevas de Osuna y sus pinturas murales», Museo Español de Antigüedades, X. Madrid, pp. 271-280.

RODRÍGUEZ MARÍN, F. 1889: «Las Cuevas. Diario de los trabajos y descubrimientos verificados en los años 1784 y 1785». Apuntes y documentos para la Historia de Osuna. Osuna, pp. 115-138. (Existe una edición facsímil de esta obra, editada por los Amigos de los Museos de Osuna. Osuna, 2006).

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A principios del mes de febrero, las noticias sobre el estado patrimonial de Las Cuevas también han tenido eco en la prensa local. Concretamente en el periódico del PP, grupo opositor en la corporación municipal de Osuna, que parece que tratará de concienciar al gobierno municipal para que se empiecen a tomar medidas al respecto:

Esperemos que esta buena noticia no se interprete en el debate político del municipio como otra simple propuesta de la oposición. Que, como viene siendo habitual, solo se vea como una simple excrecencia de la ideología de los contrarios y, por tanto, merecedora del más completo rechazo. No es la primera vez que lo decimos, pero es imprescindible que la defensa del patrimonio supere los estériles enfrentamientos partidistas y se empiece a velar por lo que nos interesa a la inmensa mayoría de los ciudadanos, tal como exigen las vigentes leyes culturales.