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miércoles, 29 de febrero de 2012

¿QUÉ HAY DE MESA DE FORNES, ARENAS DEL REY, (GRANADA)?


La reciente llamada pública para que salvemos el castillo de Castell de Ferro, en la provincia de Granada:
me ha hecho recordar el buen número de espacios patrimoniales que también corren peligro de pérdida, o que han sufrido recientes atentados contra su integridad. Hoy le toca el turno a Mesa de Fornes:

1. Vista aérea actual de Mesa de Fornes, extraída de Google earth y correspondiente a un vuelo de 2010

Sobre este sitio poco podemos añadir, en el actual estado de nuestro conocimiento, que no hayamos hecho en otras ocasiones. Puede verse más abajo una noticia sobre una puesta apunto que hicimos del lugar en este mismo blog, hace ya año y medio, (http://japr5.blogspot.com/2010/07/la-mesa-de-fornes-y-los-fenicios.html),  concretamente en julio de 2010. Pero, al que ahora sí podríamos adjuntar la posibilidad de consultar en línea la publicación completa a la que allí hacíamos referencia y que dedicamos al estudio de la Mesa:   (http://independent.academia.edu/JuanAntonioPach%C3%B3nRomero/Papers/1413218/La_Mesa_de_Fornes_Granada_y_la_semitizacion_en_la_Vega_de_Granada_la_trascendencia_de_la_puerta_sur-suroeste).

Los problemas de este yacimiento protohistórico, que hunde sus raíces en los estertores del Bronce Final y se proyecta fundamentalmente en el contacto con el mundo colonial fenicio de la costa malagueña, estriban básicamente en que, pese a su aislamiento, su situación de total permeabilidad posibilita un fácil acceso, al contener en el interior de su propia delimitación el trazado de un sendero (Sendero señalizado de la Resinera: http://www.elventorro.net/index.php/?option=com_content&task=view&id=97), frecuentado gracias al turismo rural de la zona y que debe haberse materializado por la ignorancia en materia patrimonial que todavía subsiste en los organismos oficiales de quienes depende este tipo de circuitos ‘culturales’.

De otro modo no se entiende el ‘desliz’ que alguna de las consejerías de la Junta de Andalucía cometiera hace ya algunos años, al construir en el borde de la ladera occidental del yacimiento de una torre de vigilancia de prevención de incendios forestales. Esta torreta de madera se hizo removiendo con una máquina retro-excavadora el sitio exacto donde iba a asentarse dicho punto de vigilancia, como se observa en la segunda foto aérea que ofrecemos:

2. Detalle, a partir de otra imagen de Google, con indicación de la construcción de vigilancia forestal.

Esta obra forestal, necesaria desde los presupuestos de la prevención anti-incendios, pecó de dos deficiencias: una, el haberse hecho en un yacimiento arqueológico; dos, haberse levantado justo encima del ángulo suroeste de la muralla de cierre del hábitat orientalizante que ocupa la Mesa de Fornes. Ni qué decir tiene que, ni siquiera, hubo labores previas de excavación en el lugar, ni seguimiento alguno de la Consejería de Cultura sobre las obras realizadas en un sitio conocido de antiguo y cuya historiografía previa se recoge en la referencia bibliográfica del enlace señalado más arriba.

La realización del puesto de vigilancia, cuya responsabilidad compete directamente a Medio Ambiente, podría haberse llevado a cabo sin menoscabo del yacimiento, si la torre se hubiese erigido en la mancha blanca que se aprecia en la misma imagen anterior a la derecha del círculo rojo. Precisamente allí estuvo ubicada la casa de los antiguos guardas forestales, pero cuyo derribo parece contemporáneo al levantamiento del nuevo hito. El único inconveniente de este último sitio es ocupar una cota más baja, pero  que se hubiese soslayado con una torre algo más elevada. Una diferencia de altura que se ha visto compensada con la elevación de la muralla (figuras 3 y 4) y subiendo sobre ella la torre de control.

3. Vista de la muralle de Mesa de Fornes desde el sur, apreciándose el resalte conservado de la construcción.
© J.A. Pachón.

     4. Detalle del cierre murario meridional de Mesa de Fornes, desde el suroeste, con posibles elementos avanzados de defensa. © J.A. Pachón.

Pero la responsabilidad del atentado patrimonial no debemos achacarla solo a Medio Ambiente, porque también existe una clara negligencia de Cultura, consejería que debió informar previamente al resto de las administraciones sobre los sitios afectos a regulación patrimonial, en los que no era factible hacer movimiento de tierras sin control de ningún tipo y, en su caso, realizar las tareas previas arqueológicas y de seguimiento, si -finalmente- podía autorizarse la construcción de la torre (figura 5).

5. La torre de vigilancia forestal sobre la muralla de Mesa de Fornes, desde el sureste. © J.A. Pachón.

Cuando, en 2008, descubrimos el descalabro realizado, denunciamos directamente el hecho a la delegación provincial en Granada de la Consejería de Cultura, ante sus funcionarios. Pero, aún estamos esperando una respuesta al respecto, ya que hasta ahora, después de más de tres años, seguimos aguardando que se dignen expresar un mínimo informe que valore los daños producidos y las actuaciones que debieran realizarse para minimizar el impacto patrimonial producido, tratando de evitar cualquier otra alteración del yacimiento en el mismo sentido.

6. Detalle de la torre de vigilancia forestal de Mesa de Fornes. © J.A. Pachón

En estas condiciones, hemos decidido airear las circunstancias de esta transformación patrimonial ilegal, con el ánimo de exponer ante la opinión pública una actuación más que muestra las debilidades de nuestro sistema de salvaguarda patrimonial, en el que periódicamente se evidencian faltas de coordinación entre las administraciones que inciden en el hecho arqueológico e histórico-patrimonial, así como la falta de celo de algunos de sus administradores a la hora de ejercer eficazmente sus obligaciones.

Frente a ello, esperemos que humildes tribunas como este blog puedan servir para atraer la atención generalizada sobre el estado de nuestros bienes culturales. Aspiramos a crear la suficiente conciencia social para que, en un futuro no demasiado lejano, desaparezcan todas las pérdidas patrimoniales o que se minimicen, hasta el punto de que los casos que se produzcan sean achacables a imponderables, nunca a errores humanos.

martes, 8 de noviembre de 2022

2022. EXCAVACIÓN EN MESA DE FORNES, GRANADA: UNA MIRADA DESDE EL CIELO

 

1. La Mesa de Fornes, desde el oeste, según panorámica obtenida de varias imágenes extraídas del vídeo grabado el 30 de octubre. En el extremo de la izquierda se aprecia la torre de vigilancia forestal que señala el límite meridional del asentamiento protohistórico. (Vuelo de dron realizado por A. Centeno).

En la Mesa de Fornes, por primera vez, desde mediados del pasado octubre, a partir del día 14 y durante todos los fines de semana hasta el puente festivo de Todos los Santos, se han desarrollado excavaciones arqueológicas dirigidas por el catedrático doctor don Andrés María Adroher Auroux, el concurso de un grupo de miembros de la Universidad de Granada y del Centro de Estudios de Arqueología Bastetana (CEAB), así como voluntarios de Fornes, junto al auspicio financiero del Ayuntamiento de la localidad granadina y de la Excma. Diputación Provincial. Los trabajos se han venido realizando en el viejo y conocido sitio arqueológico del que ya hemos dado abundantes referencias en otro espacio digital (https://japr5.blogspot.com/search?q=Fornes), así como en alguno de los posts incluidos en la página que en Facebook hemos creado al amparo de este acontecimiento eilustrar lo que iba sucediendo (https://www.facebook.com/groups/912610739708506/permalink/913341036302143/), junto a otras aportaciones científicas, cuyas referencias bibliográficas han sido recogidas en esas dos direcciones digitales, por lo que no vamos a tener que extendernos aquí en esos particulares.

El hecho es que los resultados obtenidos por esta primera investigación de campo han superado prácticamente todas las expectativas que se habían venido suscitando, por lo que cabe esperarse la continuidad de los trabajos en sucesivas campañas futuras y que las humildes aportaciones económicas recibidas hasta ahora puedan crecer para compensar con mayor suficiencia las muchas y obligadas necesidades que demanda un yacimiento arqueológico con las características patrimoniales tan peculiares como las que se reúnen en él.

Sin tener que desgranar en profundidad los resultados de la investigación desarrollada, que deberán esperar a la publicación oficial de los primeros análisis proyectados por la excavación, el empleo de nuevos elementos de visualización innovadores, con los que se ha podido contar, han aportado a esta investigación elementos de juicio que, de otro modo, serían más difíciles de consideración y perjudicarían la comprensión de conjunto que necesitará la explicación global del sitio. Nos referimos específicamente a las posibilidades de representación, visualización y de análisis gráfico que hoy ofrecen los vuelos de dron, aplicados a la arqueología (https://www.academia.edu/80060282/Dro-nes_in_Archaeology_State_of_the_art_and_Future_Perspectives), técnica que en esta ocasión hemos podido utilizar con determinadas variables, aprovechando las ventajas que estos pequeños artilugios ofrecen ante aviones, helicópteros, globos y satélites espaciales, al dotar a sus grabaciones de un mejor acercamiento por la menor altura con que vuelan frente a sus tradicionales competidores, tamaño reducido para esquivar obstáculos estáticos, sin olvidar su enorme maniobrabilidad de acción, en lo que tampoco tendrían ninguna posible competencia.

2. Vista aérea, ligeramente oblicua, de Mesa de Fornes desde septentrión. En ella se observan los escarpados límites naturales de tres de sus lados: este, norte y oeste, de izquierda a derecha. (Imagen obtenida del mismo vuelo anterior).

Concretamente, para esta investigación hemos podido contar con varios vuelos de dron, de los que vamos a referirnos aquí al realizado graciosamente por don Alfonso Centeno Gómez, de cuyo resultado videográfico hemos acabado extrayendo todas las imágenes con que hemos podido ilustrar este trabajo. El interés de los mismos se centra fundamentalmente en que aportan perspectivas visuales imposibles de alcanzar por otros métodos tradicionales del registro gráfico aéreo, facilitando múltiples tareas de interpretación. Por ello, en esta ocasión nos apoyaremos solo en algunas de esas representaciones gráficas para asomarnos someramente a los avances que en estos días se han obtenido, a partir de estas primeras excavaciones realizadas en la Mesa de Fornes.

El lugar donde se han desarrollado los trabajos ocupa una parte bastante limitada de la muy amplia meseta, de alrededor de 3,5 km. de longitud (fig. 1). Realmente, lo arqueológico está reducido ‒por lo que conocemos‒ a su extremo septentrional, ocupando una extensión lineal de aproximadamente 310 m. de largo. Todo, para poder disfrutar de un ensanchamiento en dicha parte del altozano de hasta unos 224 m. de anchura máxima, que fue utilizado como espacio de habitación y de producción económica, también estratégico, más ajustado, pero más fácilmente defendible por la particular constitución topográfica de esa parte del terreno, que venía facilitada por estar provista de un límite perimetral muy marcado con cantiles irregulares, casi verticales, por tres de sus lados: oeste, norte y este (fig. 2). El único sitio accesible desde la propia meseta se sitúa en el límite sur/sureste, donde se señalaba antes de las excavaciones un bloqueo artificial, a modo de muralla de cierre, que separaba el área habitada del resto de la prolongación amesetada hacia mediodía. Aquí la anchura llega a ser un poco menos de cien metros (c. 92,5). Una configuración topográfica del sitio que dotaba al lugar de una serie de características propias, hasta el punto de haber servido para poder clasificar su especial topología dentro de la taxonomía de sitios ibéricos que Pierre Moret estudió, a partir de finales del Bronce y que, en este caso, cabría denominar con el calificativo de espolón cortado (éperon barré) que hoy le confiere su especial personalidad y ese perfil tan peculiarísimo y tan claramente reconocible.

3. Vista aérea septentrional de la muralla de Mesa de Fornes. A su izquierda, la torre de vigilancia y, casi en el extremo opuesto, el vértice geodésico 104106 (cota 1080,63 m.), a partir del mismo vuelo anterior.

Antes de los trabajos de campo que se han terminado realizando, lo que sabíamos del yacimiento era que se trataría de un asentamiento protohistórico que debió haber existido, aproximadamente, durante el proceso de cambio cultural que representó la transición entre el Bronce Final y los inicios de la Edad del Hierro. Eso, al menos, es lo que habíamos podido deducir por el estudio aislado de los materiales arqueológicos de superficie que conocíamos en la Mesa de Fornes. También habíamos convenido mayoritariamente un juicio de valor previo, que el sitio tendría que haber sido monofásico: básicamente, que tuvo una evolución vital relativamente corta y sólo comprendiendo un único momento cultural.

Junto a ello, la barrera artificial que separa el espacio habitado con el resto de la meseta donde se asienta (fig. 3), al margen de su inequívoco origen humano, queríamos considerarla una auténtica muralla; aunque el aspecto que ofrecía, antes de cualquier remoción, era el de un simple amontonamiento bastante irregular de piedras, en el que no era descartable que se hubiese producido una utilización como majano ocasional, donde los agricultores –que explotaron el sitio hasta el segundo cuarto del siglo XX– debieron acumular las piedras más sueltas que el arado tradicional descubría y levantaba al roturar periódicamente aquellas tierras.

Pero, majanos que también se habían ido acumulando, aunque en menor cantidad y volumen, en otros lugares del interior del reducto habitado, en tiempos de su utilización histórica agrícola, con posterioridad al uso como hábitat en periodos bastante más antiguos. La acumulación de piedras con la construcción subyacente alcanzaba más de cinco metros de altura, sobre la planicie mayormente pedregosa de la meseta de apoyo. Una altura demasiado elevada como para achacarla solo a una acumulación espontánea de piedra por los agricultores, sin contar con una infraestructura previa que le hubiese servido de apoyo. En suma, una chocante elevación que corta el extremo norte de la meseta de parte a parte y que, aún hoy, sigue constituyendo el relieve más eminente de estos alrededores (fig. 4).

4. Cierre murario sur de Mesa de Fornes, desde el este. A partir del vuelo de A. Centeno.

Pero eso solo representaba una deducción lógica, apoyada a lo sumo en la presencia más exclusiva de restos materiales arqueológicos dentro del espacio que la supuesta muralla aislaba en el extremo norte de la meseta. Para poder materializarla y justificarla con más fundamento habría que demostrar que ese cierre sur era en realidad una muralla, hecho que habría que comprobarlo mediante la excavación. Por eso, las tareas de campo que se han llevado a cabo se han centrado en la actuación sobre aquella posible muralla, además de dos cortes en el interior del hábitat para obtener una muestra de las posibilidades estratigráficas del yacimiento que, en función de los resultados obtenidos, se cancelarán o continuarán en sucesivas campañas de exploración. Aunque, como ya hemos dicho, la mayor atención se la ha llevado el cerramiento murario, donde se ha practicado un corte transversal (fig. 5) con el que ha podido evidenciarse hacia el lado sur la presencia parcial de la fachada de un gran muro con alzado de tendencia vertical, del que se ha descubierto un importante número de hiladas, pero con poco desarrollo longitudinal por las propias limitaciones del área excavada.

Sin ningún aparente revestimiento, ese muro se levanta con piedras calizas cortadas con no demasiada regularidad, en la mayor parte de los casos ligeramente careadas hacia un único lado, en el que se dispusieron mirando hacia mediodía, para homogeneizar el frente que quedaba a la vista de todo el que se acercara hacia el hábitat. De momento, aunque es la única fachada que se ha tenido tiempo de empezar a analizar, ha sido más que suficiente para señalar que estamos ante una construcción de suficientes características que cuadrarían con lo que, para estos momentos iniciales del primer milenio a. C., sería posible considerar como una auténtica muralla.

Como las hiladas más superficiales prácticamente han empezado a detectarse en las primeras capas de tierra que se han levantado, es probable que en los sectores mejor conservados su altura se acerque a los más de cinco metros de acumulación que se han medido en el amontonamiento que hoy cubre la totalidad de sus restos a lo largo de toda la muralla (fig. 5). Es una convicción que alienta el interés que debe mover las siguientes campañas de investigación en el yacimiento, contando con que la muestra analizada del yacimiento es significativamente escasa. Así, en el caso de la muralla, solo se habría explorado en torno al 16,7 % de su superficie, pero sin contabilizar en ello que no se haya registrado toda la potencia estratigráfica acumulada en el área intervenida. Un porcentaje aún más insignificante si hiciéramos el cálculo respecto de toda la superficie de la Mesa, además de la muralla, por lo que gran parte de lo que representa el sitio arqueológico está por investigar.

5. Localización del corte transversal sobre la muralla. Vista cenital, a partir del vuelo citado.

Si la constatación de la muralla representa, en sí misma, el gran éxito de esta primera campaña de excavación, debe tenerse en cuenta que su hallazgo no ha sido un hecho aislado, sino que su aparición ha venido a complementarse con un refuerzo exterior, a modo de torre cuadrangular o rectangular, que se adosó al eje central de la defensa muraria (fig. 6). Las interpretaciones de esta segunda estructura están a la espera de la continuación de la investigación in situ, pero se tienen algunas certezas que pueden avanzarse, como el tipo de articulación entre las dos estructuras, que no conforman una construcción única, sino dos elementos que se adosaron, sin más. También, que la fábrica de las mismas son diferentes y que, por ello, quizá deba hablarse también de dos momentos de erección diferentes, en los que sería posterior la fecha de la torre. Por desgracia, la escasez de contenidos cerámicos en la limpieza de estos dos elementos impide de momento fechar con precisión ambos componentes, salvo esa cronología relativa que al menos podemos arriesgar, respecto de cuál de ellos es más antiguo.

6. Particular del sector excavado de la muralla, durante la realización de los trabajos. Imagen a partir del vuelo de A. Centeno.

En cuestiones concretas de tecnología, la excavación ha demostrado las evidentes diferencias de ambas estructuras, mucho más cuidado el muro principal frente a un levantamiento grosero de la torre exhumada, falto de la más mínima preparación de los bloques utilizados en el paramento exterior y la gran duda de si existió realmente otro paramento por la cara interior. La situación actual de la excavación en este sector parece inclinarse más por la lectura de que se trató de una torre macizada en la que solo era necesario un recubrimiento pétreo, aunque fuese irregular, en los tres lados exteriores de la construcción, pero que fuera suficiente sin el trasero para contener el volumen del relleno aportado en su interior. Una falta de la más mínima dedicación constructiva de los hacedores de la torre que no solo se distancia del tratamiento dado al muro principal, sino que quizás aluda a una construcción de urgencia ante una necesidad perentoria que surgiese a los habitantes del recinto.

En este sentido, hasta que no conozcamos el resto de la construcción, no podríamos afirmar categóricamente que se trate de una torre aislada o si responde a un programa edilicio más completo, con más elementos torreados, que afectó a todo el desarrollo exterior y longitudinal de la más que aparente construcción defensiva, como pudiera deducirse de los amontonamientos pétreos que hoy se observan de tramo en tramo hasta el extremo más oriental de la muralla. Sin constatar fehacientemente este hecho, tampoco sabemos si todas las posibles torres que pudieron haber existido respondieron en su aparición a alguna contingencia ocasional que exigiera un refuerzo rápido del muro original, lo que haría que todas ellas acabaran presentando una técnica constructiva semejante a la descubierta. Incluso si las posibles urgencias edificatorias de la torre analizada fueron una solución concreta a problemas estructurales localizados exclusivamente en esta parte. Está por ver.

Otra cuestión es si la propia muralla y el añadido de sus torres expresan arquitectónicamente una situación de tensión entre vecinos poco amigables, si esa situación de conflicto fue permanente durante toda la vida del hábitat de Mesa de Fornes o, en cambio, se suscitó a partir de un determinado momento de su trayectoria vital. Es probable que la propia actividad económica desarrollada, en la que no se descarta la existencia de importantes transacciones comerciales, exigiera un cercado con el que salvaguardar los productos almacenados y garantizar la recepción de los mismos y la regular distribución de bienes a los mercados receptores, sin presencia de relaciones de desafección ante ajenos en ciertos momentos, al menos.


Los resultados obtenidos en esta primera campaña de excavación abre apasionantes expectativas interpretativas en torno a múltiples preguntas, pero lo reducido de la muestra explorada añade incógnitas que aún no se han resuelto y tendrán que esperar a la continuación de los trabajos. Cuestiones como la importancia del factor indígena frente al foráneo fenicio, las circunstancias de la fundación del sitio, los periodos de desarrollo existentes, el grado y calidad de las relaciones con las poblaciones fenicias, la arquitectura doméstica y productiva existentes, dónde y de qué modo se enterraron sus habitantes, si hubo una artesanía y de qué tipo en la Mesa. Muy variadas incógnitas que no empañan los resultados de esta primera toma de contacto con la arqueología del lugar, sino que habrán de servir de acicate para impulsar la investigación de un yacimiento que puede convertirse en referencia patrimonial de esta comarca en el suroeste de la provincia de Granada y del municipio de Fornes, particularmente, porque en él es donde se sitúa.

Un futuro patrimonial de referencia para una muralla inédita y prácticamente exclusiva en la geografía granadina, pero condicionado a que puedan completarse los estudios arqueológicos previos en los próximos años. Una vez realizados, incluso suficientemente avanzados, se darán las condiciones para poner en valor una imponente estructura arquitectónica de indudable potencial para el desarrollo de la oferta cultural y turística de la comarca. Por ahora, solo se ha empezado a dar el primer paso.

El extraordinario esfuerzo realizado por el Ayuntamiento de Fornes, no solo con su apoyo financiero y dinamizador con los voluntarios, sino por el entusiasmo demostrado desde los primeros momentos, cuando aún se programaba la intervención arqueológica, es digna de encomio. Empezando por la primera edil, su alcaldesa Dª Ana Belén Fernández Navas que ha entendido el trascendental interés que para su municipio tiene este nuevo monumento patrimonial que se ha descubierto. Su ejemplo será imprescindible para futuras acciones protectoras del yacimiento, como impulsar su declaración BIC, avanzar en la adquisición del sitio o ampliar sine die la cesión del espacio a proteger para una gestión más directa del mismo por quienes deben y podrían hacerlo, el conjunto de los vecinos de esta pequeña localidad meridional del Poniente de Granada.

Noviembre de 2022


lunes, 23 de febrero de 2015

SOBRE EL GUERRERO FENICIO DE MÁLAGA

1. Proceso de excavación de la cámara del guerrero fenicio de Málaga (http://antrophistoria.blogspot.com.es/2012/09/el-hallazgo-de-una-tumba-monumental-de.html)
     Aunque la noticia que vamos a referir no es mía, no me resisto a dar cumplida cuenta de ella, por la trascendental importancia que representa para la historia de la arqueología peninsular, así como para la interpretación del fenómeno. No se trata de un hallazgo arqueológico de ultimísima actualidad (2012), aunque sí lo es su primera publicitación científica que se ha hecho en una nueva revista del ramo Ue-0 (http://www.arqueosur.es/es/3/revista-de-arqueologia-ue-0.html) y de la que voy a tomar prestadas sus páginas que reproducimos más abajo.
     Quienes de una, u otra manera, nos hemos dedicado en algún momento a la arqueología fenicia siempre habíamos pensado, casi mayoritariamente, que el contacto fenicio con las poblaciones indígenas se había producido en un idílico encuentro en el que las condiciones de intercambio, la explotación de los recursos y la relación entre foráneos y autóctonos se habían dado en un ambiente prioritariamente amable, donde -como mucho- las propias élites locales, asociadas con los colonizadores semitas, se habrían encargado de mantener una situación favorable al comercio con los fenicios, para mantener un privilegiado status de sus propias clases dominantes y garantizar el beneficio de los colonizadores. En esta posición casi unánime de la interpretación del pasado, hubo hace ya tiempo una voz disonante que empezó a plantear unas relaciones desequilibradas entre ambos mundos: el peninsular y el de los colonizadores orientales, llegando a hablar de una auténtica colonización agrícola del territorio meridional ibérico (González Wagner, 1983), para lo que habría sido imprescindible una ocupación del territorio y para la que, en determinadas ocasiones, el uso de la fuerza y las situaciones de enfrentamiento pudieron haber sido inevitables. Esta posición ha seguido siendo defendida por este autor hasta tiempos recientes, explicando el fenómeno colonizador como parte del proceso de expansión de la monarquía de Tiro (González Wagner, 2005), aceptando esos 'espacios' de tensión violenta entre las poblaciones locales y las colonizadoras. Aunque no todos los investigadores han aceptado este enfrentamiento desde una perspectiva violenta y también han seguido interpretando el fenómeno bajo ópticas más económicas y culturales (Aubet, 2005).
2. Vista reciente del amurallamiento del Cerro Alarcón, en el entorno del yacimiento fenicio de Tosacanos (comandofenix.blogspot.com).
     Inicialmente, aquella posición no dejaba de ser sumamente hipotética, ya que el registro arqueológico era remiso a proporcionar vestigios materiales que apoyaran de manera contundente esa visión militarizada de una situación de contacto entre culturas diferentes. No obstante, poco a poco, diversos autores han venido sumándose a esta posición interpretativa, bien bajo miradas de una interpretación puramente colonialista (Frankenstein, 1997), bien al amparo de lecturas más concretas de los hallazgos, en los que la presencia de lugares fronterizos fortificados en la parte fenicia (Fig. 2), como en Cerro Alarcón (Schubart, 2000 y 2002) y en la indígena más cercana (Fig. 3), como Fornes (Pachón y Carrasco, 2009), parecerían explicar situaciones de conflicto que antes no se habían destacado en el sentido de un enfrentamiento mutuo, fuera de las propios choques que sí parecían más factibles dentro del propio sector indígena, en el que la división, propia de una sociedad arcaica y aristocrática siempre había parecido más factible.
3. Vista aérea (2012) del yacimiento fortificado de la Mesa de Fornes, Granada (según Google earth).
     En este sentido, los hallazgos de la ciudad de Málaga entre los que se ha recuperado una tumba monumental de raigambre fenicia (García y López, 2015) resultan altamente esclarecedores, al poder asegurar que se trata de la inhumación de un guerrero, asociado a un ajuar característico en el que destacan una punta de lanza de hierro (Fig. 18) y un casco corintio de bronce (Fig. 21), datables en torno al siglo VII a.C. Un dato que permite asegurar con rotundidad que la presencia de población militarizada no fue ajena a la colonización fenicia, apoyando la existencia en la época de relaciones conflictivas que cabe suponer contra procesos de resistencia de los núcleos indígenas del interior. De cualquier modo, el estudio más exhaustivo de este hallazgo tendrá aún que mostrar más sorpresas, de las que quedamos a la espera. Mientras tanto, vale la pena conocer lo que del mismo acaba de publicarse (http://www.arqueosur.es/es/3/revista-de-arqueologia-ue-0.html) y que aquí reproducimos casi en su totalidad, salvo los dibujos detallados de las plantas de la sepultura (figs. 4 a 21):

Bibliografía

AUBET SEMMLER, Mª E., 2005:  "El 'Orientalizante'. Un fenómeno de contacto entre sociedades desiguales". El Período Orientalizante, I. Anejos de AEspA XXXV. Mérida: 117-128.
FRANKENSTEIN, S. 1997: Arqueología del colonialismo. El impacto fenicio y griego en el sur de la Península Ibérica y en el suroeste de Alemania. Ed. Crítica. Barcelona.
GONZÁLEZ WAGNER, C. 1983: Fenicios y cartagineses en la Península Ibérica. Ensayo de interpretación fundamentado en un análisis de los factores internos. Tesis Doctoral 20/83. Universidad Complutense. Madrid.
GARCÍA GONZÁLEZ, D. y LÓPEZ CHAMIZO, S. 2015: "La tumba del guerrero. Algunos apuntes en relación a un hallazgo arqueológico excepcional". Revista de Arqueología Ue-0. 1. Málaga: 5-32
GONZÁLEZ WAGNER, C. 2005: "Consideraciones sobre un nuevo modelo colonial fenicio en la Península Ibérica". El Período Orientalizante, I. Anejos de AEspA XXXV. Mérida: 149-165.
PACHÓN ROMERO J.A. y CARRASCO RUS, J.: "La Mesa de Fornes (Granada) y la semitización en la Vega de Granada: la trascendencia de la puerta sur-suroeste". Mainake XXXI: 353-376.
SCHUBART, H. 2000: "Alarcón. El yacimiento fenicio y las forttificaciones en la cima de Toscanos". Fenicios y Territorio. III Seminario Internacional sobre temas fenicios. Alicante: 263-294.
SCHUBART, H. 2002: "La ocupación fenicia y las murallas del Cerro del Alarcón situado sobre Toscanos. Las campañas de excavación de los años 1967 a 1984". Toscanos y Alarcón. El asentamiento fenicio en la desembocadura del río de Vélez. Excavaciones de 1967-1984. Cuadernos de Arqueología Mediteránea - 8. Barcelona: 95-154.
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domingo, 25 de diciembre de 2011

TRAS LA HUELLA DEL YACIMIENTO CORDOBÉS DE TORREPAREDONES


Desde hace algunos años,  la antigua ciudad ibero-romana localizada en Torreparedones (Baena/Castro del Río, Córdoba) se está convirtiendo en un constante referente para la arqueología, al estar aportando llamativos hallazgos materiales que siguen demostrando cómo el patrimonio español guarda todavía desconocidos vestigios con un volumen e importancia trascendentales.


Cabeza de Augusto, recientemente hallada en Torreparedones

La firme apuesta cultural, que hiciera en su momento el ayuntamiento de Baena para la puesta en valor del sitio, viene demostrando a diario su validez, al tiempo que proyecta sobre la localidad cordobesa un prometedor futuro económico como centro de atracción para el turismo cultural de interior. Probablemente, el vecino municipio de Castro del Río, al que también corresponde la localización parcial del yacimiento, esté ya arrepentido de que sus autoridades locales no quisieron corresponder en un esfuerzo aunado con el de Baena para la recuperación patrimonial de Torreparedones.


Figuras escultóricas sedentes de Torreparedones

De este modo, Baena, que ya cuenta con un Museo Municipal en el que el contenido de Torreparedones está alcanzando un valor casi monográfico, empieza a destacar entre las poblaciones andaluzas de volumen medio, significándose por una apuesta cultural que, si en un principio, pudo parecer arriesgada, los hechos han acabado por demostrar lo acertado de su elección.


Torreparedones, despoblado de gran extensión del que ya contábamos con algunas importantes contribuciones científicas sobre su arqueología, tampoco configuraba la esperanza de un cúmulo tan importante de recuperaciones patrimoniales. Tan felices consecuencias, fruto de un conjunto ilusionado de investigación y tesón municipal, dan pie para lanzar una llamada de socorro sobre otros muchos yacimientos, en una época de importantes carencias económicas. 
La inteligente explotación del potencial arqueológico que está haciendo Baena, debería servir de paradigma a otras muchas localidades de Andalucía que, en cambio, ven deteriorarse progresivamente sus antiguos vestigios arqueológicos, sin planificar ninguna acción mínimamente preventiva. Son muchos los yacimientos y ayuntamientos andaluces que podrían seguir su ejemplo, pero de los que solo citaremos algunos notorios ejemplos: Cerro de los Infantes en Pinos Puente y Mesa de Fornes, en Granada; Osuna en Sevilla, etc., para los que esperemos que el referente de Baena pueda ser, finalmente, un modelo que imitar.

lunes, 5 de julio de 2010

La Mesa de Fornes y los fenicios



Acaba de publicarse una nueva investigación sobre la relación de las poblaciones indígenas del interior granadino y las comunidades fenicias de la costa mediterránea en el último número (XXXI) de la revista malagueña Mainake, de contenido eminentemente arqueológico.

miércoles, 29 de agosto de 2012

INSCRIPCIÓN FENICIA SOBRE FUENTE CERÁMICA GRIS DEL CERRO DE LOS INFANTES (PINOS-PUENTE, GRANADA)

Desde los primeros días de julio está publicada en la web del Centro de Estudios de Arqueología Bastetana (http://www.ceab.es/), en la sección foto del mes, el siguiente artículo, que transcribimos por su interés para la arqueología granadina.
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Inscripción Fenicia sobre Fuente Cerámica Gris del Cerro de los Infantes (Pinos-Puente, Granada)
  A finales de los años setenta del pasado siglo, la apertura de una cantera en la ladera suroccidental del Cerro de los Infantes (Pinos Puente, Granada) permitió el hallazgo de una serie de elementos cerámicos, a raíz del cual se detuvo parcialmente la actividad extractiva y se realizó una campaña de excavación arqueológica en los alrededores del sitio, en el verano de 1980. Los miembros del equipo de investigación del Museo Arqueológico Provincial y del Departamento de Prehistoria de la Universidad de Granada sacaron a la luz un horno alfarero que había estado en activo durante los siglos VII-VI a. C., aunque quizás con una mayor incidencia durante la séptima centuria.
Entre los productos que allí se generaron, las cerámicas grises a torno orientalizantes fueron de las más significativas. En este sentido, la fuente gris de la imagen, recogida de las escombreras de aquella cantera hace ya más de treinta años, debió corresponder con alguna de las producciones que aquel centro alfarero fabricó para el mercado local, aunque no pueda descartarse su más inmediata procedencia de una necrópolis situada en las cotas más altas de aquella ladera, o incluso su generación en centros productores cercanos, como los malagueños.
La fotografía recoge tres perspectivas diferentes de esa fuente: arriba, a la izquierda, una vista superior, mostrando los cuatro fragmentos concertados de la vasija; arriba, a la derecha, el perfil del vaso ilustrando las irregularidades del diseño; abajo, a la izquierda, una vista inferior en la que se aprecia el fondo de asiento con una patente marca inscrita; por último, abajo, a la derecha, un detalle de la misma aumentada tres veces.
Estas cerámicas, formalmente, son un reflejo tardío de las vajillas a mano, habituales en los repertorios domésticos de las comunidades indígenas coetáneas con la colonización fenicia, por lo que debieron servir de modelo en los primeros prototipos torneados semitas para el mercado local, hasta su aceptación por el mundo autóctono. En un determinado momento de ese proceso, se haría factible para esos grupos locales empezar a fabricar productos en consonancia con los tradicionales recipientes indígenas; pero en los que, además, habían sido habituales las coloraciones oscuras, propias de ambientes de cocción faltos de la oxidación de las cerámicas fenicias y frente a las que las vajillas reductoras grises eran una opción sustitutiva muy convincente, aunque realizadas ya con la nueva técnica importada del torno.
Sin embargo, lo más importante de la fuente cerámica de Los Infantes es que presenta exteriormente, sobre el fondo de asiento, un signo hundido en la superficie que se grabó antes de que su artífice la iintrodujera en el horno (graffiti ante coctionen), cuando la arcilla estaba todavía suficientemente blanda para poder trabajarla. El signo en cuestión representa fielmente la letra (shim), perteneciente al alfabeto fenicio clásico y que se corresponde con una grafía () de conocida transcripción (š), por lo que las concomitancias culturales del recipiente son del todo claras, aunque se diese el supuesto de que no entendiésemos absolutamente nada de la tipología cerámica, ni tampoco de su cronología.
Estas escrituras fenicias son hoy de gran interés y han sido incorporadas en algunas conocidas webs (http://lila.sns.it/mnamon/index.php?page=Risorse&id=23) y como afortunadamente empiezan ya a recogerse entre los objetivos de ciertos proyectos de investigación desarrollados por universidades españolas (http://cefyp.blogspot.com.es/2012/03/periferia-y-centro-la-implantacion_18.html). Pero todavía siguen siendo muchas las dificultades interpretativas que lastran el conocimiento de estas antiguas escrituras, al no permitir demasiadas consideraciones respecto del verdadero sentido de este tipo de marcas sobre cerámica; aunque lo que parece más evidente es que pudieron corresponderse con signos y significados de origen, pertenencia, contenido o metrología (pesos y medidas).
En el caso de los signos de origen o pertenencia, cabría dos posibilidades. La primera, si la letra se hizo antes de la cocción (graffiti ante coctionem), cuando lo más probable es que el signo fuese una abreviatura relativa a un patronímico [nombres propios o de personas (NNPP)], correspondientes –por lo general– al alfarero que realizó la vasija; explicando así la procedencia del taller donde se elaboró el artículo. La segunda, si la marca se realizó después de su fabricación (graffiti post coctionem), lo más probable es que también se tratara de una marca de propiedad (NNPP); aunque en este caso no sería del fabricante, sino del dueño del producto.
Ahora bien, no todo el signario utilizado tendría que corresponderse con NNPP, independientemente de que se hubieran realizado antes o después de la cocción. En realidad, entre los signos grabados en la superficie de los vasos cerámicos también pudo ser habitual que se empleasen símbolos epigráficos, pero con una directa indicación acerca del contenido o del uso que iba a dársele al recipiente.
Si atendemos a algunas inscripciones en vasos de alabastro, secuencias más largas de inscripción podrían hacer alusión a esos contenidos. En cambio, sí sabemos que en otros muchos casos, como en la fuente de Infantes, se emplearon símbolos monográficos con la enorme dificultad que les atañe, debido a lo complejo que resulta despejar las dudas respecto de su significado, no solo por el hecho de que se trate evidentemente de fórmulas abreviadas, sino tan reducidas que resulta arduo alcanzar una lectura precisa de las mismas. Sin olvidar tampoco que la grafía fenicia desarrolló un sistema de escritura sin indicación gráfica de las vocales, particularidad por la que los textos fragmentarios que nos han llegado facilitan aún menos un análisis mínimamente adecuado.
Así, solo cabe proponer hipótesis interpretativas de mayor o menor verosimilitud, pues aunque no estén faltas de cierta lógica, son proclives a inducir conclusiones y elucubraciones, total o parcialmente, erróneas. En este sentido, en otras escrituras del Mediterráneo oriental, como la jeroglífica egipcia, se sabe cómo el signo consonántico shim (š) se representaba con un ideograma rectangular.
Pero, en este sistema cada signo tenía un significado concreto, que en nuestro caso fue estanque, agua estancada o porción de agua. Si en el mundo fenicio la letra  pudo formar parte de palabras más complejas, pero con un significado equivalente, relativo al agua, nada impide proyectar esa equivalencia y deducir que los vasos que portaban ese signo pudieron ser contenedores de agua o recipientes para beberla, destinados a algún tipo de bebida. Pese a ello, somos conscientes de que no sería más que una hipótesis en cierta medida arriesgada.
Otra cuestión es el tema relativo a los pesos y medidas, en los que el signo que vemos en la fuente de Pinos, también lo encontramos solo con su inicial sobre algunos pesos metálicos, indicando la unidad metrológica šql (): el siclo, que equivalía aproximadamente a un peso de entre 11 a 14 gramos, dependiendo de la región mediterránea donde se aplicase, o incluso si se trataba de pesos en general o de pesos en plata, adecuado en tal caso a la moneda. No obstante, lo habitual en el tipo de inscripciones que nos atañe, es que la letra shim se acompañara de algún signo numeral, cosa que no ha podido detectarse en este vaso cerámico.
Por lo demás, en la zona occidental de la provincia de Granada, cada vez conocemos más documentos epigráficos de esta especie, por lo que el corpus disponible permitirá en un futuro no muy lejano ahondar en las incógnitas que todavía trasluce esta antigua escritura de la civilización fenicia. Estaríamos, pues, ante un vestigio patrimonial relativamente frecuente entre los vestigios arqueológicos de estos territorios en época orientalizante, aunque de un valor interpretativo extraordinario.

Texto: Juan Antonio Pachón Romero

BIBLIOGRAFÍA
  • CONTRERAS, F., CARRIÓN, F. y JABALOY, Mª E. (1983): “Un horno de alfarero protohistórico en el Cerro de los Infantes (Pinos Puente, Granada)”, XVI Congreso Nacional de Arqueología, Zaragoza, 1983, pp. 533-539.
  • MARTÍN, E., RAMÍREZ, J. D. y RECIO, Á. (2006): “Producción alfarera fenicio- púnica en la costa de Vélez-Málaga (siglos VIII-V a. C.”, Tiempos de púrpura. Málaga antigua y antigüedades hispanas
    (I). Mainake, XXVIII, pp. 257-287.
  • MENDOZA, Á., MOLINA, F., ARTEAGA, O. y AGUAYO, P.(1981): «Cerro de los Infantes (Pinos Puente, Provinz Granada). Ein Beitrag zur Bronze und Eisenzeit in Oberandalusien», Madrider Mitteilungen, 22, pp. 171-210.
  • PACHÓN, J. A. y CARRASCO, J. (2009): “La Mesa de Fornes (Granada) y la semitización en la Vega de Granada: la trascendencia de la Puerta Sur-Suroeste”, Mainake, XXXI, pp. 353-376.
  • PACHÓN, J. A. y CARRASCO, J. (2011): “Acerca de la facies fenicia en el territorio occidental granadino. Una mirada desde el interior”, Antiquitas, 23, pp. 87-118..

     

lunes, 7 de octubre de 2019

EL CERRO DE LA MORA, MORALEDA DE ZAFAYONA, UN AMBICIOSO RETO PARA EL SIGLO XXI

1. Cartel oficial de la Exposición impulsada por el Ayuntamiento de Moraleda de Zafayona.

   La inaugurada y aún vigente exposición sobre el sitio arqueológico del Cerro de la Mora, auspiciada por el Ayuntamiento de Moraleda de Zafayona, la Universidad de Granada, a través de su centro de estudios e investigación Memolab (https://blogs.ugr.es/memolab/) y el patrocinio de la empresa internacional SharkBite, con implantación local, además de la colaboración didáctica del IES Manuel Cañadas, han puesto de nuevo el acento en el enorme interés científico y patrimonial de este sitio, ubicado en un lugar privilegiado a las puertas de la Vega de Granada, en aras de su futura recuperación social y cultural.
Aunque el Cerro de la Mora es conocido desde finales de los años setenta del siglo pasado,  (https://guiadigital.iaph.es/bien/inmueble/4156/granada/moraleda-de-zafayona/cerro-de-la-mora) la investigación directa del lugar se estancó por cuestiones administrativas, que ahora no vienen al caso, dos decenios después, incluso a pesar de su declaración como BIC desde el 2005; lo que no ha impedido su abandono y lento deterioro por la propia erosión natural y puntuales actuaciones agrícolas que afectaron a determinados espacios del yacimiento.
En este sentido, la renovada preocupación de las nueva corporaciones municipales por recuperar los bienes patrimoniales locales, la necesidad de disponer de espacios museísticos propios y la trascendencia de promover dinámicas productivas y comerciales  relacionadas con estos nuevos nichos productivos de trasfondo cultural, dibujan un horizonte ilusionante sobre este yacimiento, que tendría que facilitar el definitivo desarrollo económico de un territorio tradicionalmente deprimido.

2. Vista del C. de la Mora (centro) desde el noreste. © J. A. Pachón, 2010.

    El Cerro de la Mora, aún tiene pendiente la publicación de algunos resultados de las investigaciones de campo ya realizadas, aunque la nómina de estudios dados a la luz es importante, junto a la producción de una memoria de licenciatura y dos tesis doctorales específicas sobre el yacimiento. Sin que tengamos que citar aquí otros muchos estudios indirectos que desarrollan aspectos complementarios derivados del propio C. de la Mora. Con todo ello, conocemos que el lugar fue un núcleo habitado, probablemente ya en época argárica, pero que empezaría a cobrar relevancia a fines de tiempos prehistóricos, desde que la parte más alta del sitio se cierra con un recinto amurallado de piedras bien careadas al exterior y en talud, con una media de tres metros de espesor y una fachada interior con vigas encastradas que fortalecían la resistencia, tanto vertical como transversal, de toda la construcción.

3. Muralla perimetral de la cumbre del yacimiento. Arriba, frente delantero. Abajo, trasera de la misma línea defensiva. © J. Carrasco y J. A. Pachón.

     Esta obra de gran envergadura supuso un esfuerzo colectivo de un núcleo de población, que ya parecía mostrar una organización muy compleja que no debió perderse durante el Bronce Final, cuando los conflictos entre vecinos dieron paso a las relaciones de unas comunidades con otras, en sociedades más abiertas y dependientes de los intercambios entre núcleos habitados más especializados y complementarios. Así se desarrollaría la metalurgia del bronce, explicando en La Mora la presencia de su espada de lengua de carpa, sus fíbulas de codo y sus relaciones con el valle bajo del Guadalquivir, de donde presumiblemente procederían las cerámicas de retícula bruñida.

4. C.Mora/Miel: espada de lengua de carpa y fíbula de codo. Hornos metalúrgicos y crisol de fundición.

5. C. Mora: cerámicas de retícula bruñida.

    Este ambiente es el que caracterizaría a todo el periodo orientalizante, en el que encajaría precisamente el impacto colonizador fenicio, ya en el siglo IX a.C., y la asimilación de su influencia para acabar eclosionando después el fenómeno ibérico, aquí en su facies bastetana.

6. Reconstrucción ideal del C. de la Mora en época orientalizante. © Rocío Espín Piñar, 2019.

    Este probablemente fuese uno de los momentos de mayor esplendor del hábitat de La Mora, aprovechando los caminos naturales que comunicaban el sitio con la costa fenicia, el interior de la actual provincia de Granada y la Baja Andalucía, siguiendo el curso aguas abajo del río Genil. Esta vitalidad explicaría el enriquecimiento de algunos comerciantes o productores locales, que dejaron entre los ajuares de sus tumbas magníficos representantes de la artesanía fenicia, como el cartucho de oro que custodia en depósito la Real Academia de la Historia de Madrid.

7. Materiales fenicios del C. Mora: cartucho áureo, plato de barniz rojo y ampolla de ungüentos.

8. Materiales fenicios de La Mora: trípode, plato/cuenco arcaico y fragmentos de oinocóes de barniz rojo con sus posibles modelos. En el centro: cuello de urna polícroma 'Cruz del Negro'.

     Aunque los indicios arqueológicos parecen evidenciar que, desde época ibérica bastetana, empieza a declinar la vitalidad del hábitat en La Mora, al amparo de la mayor importancia que asumen otros centros habitados al este de nuestro yacimiento, como Ilurco o Iliberri (Cerro de los Infantes, en Pinos Puente y Albaicín, en Granada), probablemente empujados en su mejora por la ampliación de los recursos económicos agrícolas que iba aportando la progresiva desecación del fondo inundado de la Vega, junto a estas dos ciudades. Pero esto no representaría una importante despoblación del sitio, como prueban algunos de los hallazgos ibéricos conocidos del yacimiento, sino un lento declive que podría haberse prolongado hasta época romana, cuando –como plantea alguno de los estudios científicos sobre el yacimiento– el sitio pudo haberse convertido en un vicus, que habría que entender como una entidad menor, respecto del catálogo conocido de núcleos urbanos extendidos por las provincias del imperio romano. Aunque este último dato no podrá verse corroborado, mientras no se retomen las investigaciones directas de campo en el yacimiento.

9. Hallazgos metálicos ibero-bastetanos del C. de la Mora: armas de hierro y broche de cinturón de bronce. A partir de W.Schüle y E.Pareja.

     La trayectoria vital de La Mora, cubre un enorme espectro, creemos que con pocas cesuras, desde la prehistoria a momentos históricos, entre época argárica y tiempos medievales islámicos, probablemente taifales. En su configuración cronológica existen varias datas temporales, apoyadas por muestras de carbono 14 que se han calibrado y arrojan un corpus de fechas absolutas, muy coherentes con otras referencias del mismo tipo de la arqueología andaluza.

10. Estructuración cronológica del yacimiento en su conjunto, respecto del sondeo nº 4 y muestras de dataciones absolutas obtenidas.

     Parece innegable que la importancia del yacimiento granadino requiere de todos los esfuerzos posibles, para alcanzar su necesaria recuperación patrimonial. La exposición durante este mes en Moraleda de Zafayona, así como la implicación de su Ayuntamiento, de la Universidad de Granada y demás organismos y personas coadyuvantes, nos hace ser optimistas ante la nueva situación que tendrá que materializarse con el Cerro de la Mora. Desde aquí solo ofrecer nuestro apoyo y colaboración desinteresada, en todos los sentidos, habida cuenta de la historia pasada que nos relaciona científica y sentimentalmente con un sitio arqueológico de enorme importancia peninsular y mediterránea. Es un deber que la historia del sitio y la sociedad nos demandan.


BIBLIOGRAFÍA CRUCIAL DEL CERRO DE LA MORA

1981:
PASTOR MUÑOZ, M.; CARRASCO RUS, J.; PACHÓN ROMERO, J. A. y CARRASCO RUS, E. (1981): “Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Granada). Campaña de 1979”. Noticiario Arqueológico Hispánico 12. Ministerio de Cultura, Madrid, pp. 135-158.

1982:
CARRASCO RUS, J.; PASTOR MUÑOZ, M. y PACHÓN ROMERO, J. A. (1982): “Cerro de la Mora I. Memoria de la campaña de excavación realizada  en 1979”. Noticiario Arqueológico Hispánico 13, pp. 7-164.

1984:
CARRASCO RUS, J.; PASTOR MUÑOZ, M. y PACHÓN ROMERO, J. A. (1984): “Cerro de la Mora, Moraleda de Zafayona. Resultados preliminares de la segunda campaña de excavaciones (1981). El corte 4”. Cuadernos de Prehistoria 6, Univ. Granada, pp. 307-354.

1986:
MARTÍNEZ ARRABAL, I. (1986): Estudio tipológico de los materiales romanos procedentes del yacimiento del “Cerro de la Mora” (Moraleda de Zafayona, Granada). Memoria de Licenciatura Inédita. Universidad de Granada, Granada.

1987:
CARRASCO RUS, J.; PACHÓN ROMERO, J. A.; PASTOR MUÑOZ, M. y GÁMIZ JIMÉNEZ, J. (1987): La espada del “Cerro de la Mora” y su contexto arqueológico. Nuevas aportaciones para el conocimiento de la metalurgia del Bronce Final en el Sudeste peninsular. Publicaciones del Excmo. Ayuntamiento de Moraleda de Zafayona, Moraleda.
CARRASCO RUS, J.; PACHÓN ROMERO, J. A.; PASTOR MUÑOZ, M.; NAVARRETE ENCISO, M.ª S. (1987): “Memoria preliminar de la campaña de excavaciones de 1985 en el Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Granada)”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1985, II, pp. 266-271.
CARRASCO RUS, J.; PASTOR MUÑOZ, M.; PACHÓN ROMERO, J. A. (1987): “Excavaciones arqueológicas en el Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Granada)”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1986, II, pp. 253-259.

1988:
CARRASCO RUS, J.; PACHÓN ROMERO, J. A. y PASTOR MUÑOZ, M. (1988): “Nuevos hallazgos en el conjunto arqueológico del Cerro de la Mora. La espada de lengua de carpa y la fíbula de codo del Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Granada)”. Cuadernos de Prehistoria 10 (1985), Univ. Granada, pp. 265-334. 
PASTOR MUÑOZ, M.; CARRASCO RUS, J. y PACHÓN ROMERO, J. A. (1988): “Protohistoria de la Cuenca del Genil: el yacimiento arqueológico “Cerro de la Mora” (Moraleda de Zafayona, Granada)”. Homenaje al Profesor Marcelo Vigil, II. Studia Historica, Historia Antigua, vol. VI, Universidad de Salamanca, Salamanca, pp. 37-52.

1990:
CARRASCO RUS, J.; PACHÓN ROMERO, J. A. y PASTOR MUÑOZ, M. (1990): “Memoria preliminar de la campaña de excavaciones de 1987 en el Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Granada)”. Anuario Arqueológico de Andalucía 1987, II, pp. 242-245.

1997:
PACHÓN ROMERO, J. A. (1997): La Metalurgia del Cerro de la Mora y su incidencia en el desarrollo de ciertos artefactos. Tesis Doctoral Inédita. Universidad de Granada, Granada.

1999:
PACHÓN ROMERO, J. A.; PASTOR MUÑOZ, M. y CARRASCO RUS, J. (1999): “Los problemas de transición en las sociedades protohistóricas del sureste. El Cerro de la Mora (M. de Zafayona, Granada)”. II Congreso de Arqueología Peninsular. t. III, Primer Milenio y Metodología. Madrid, pp. 129-140.

2005:
ROMÁN PUNZÓN, J. M. (2005): Contribución al estudio del poblamiento de época clásica en la vega oriental de Granada. El yacimiento del Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Granada). Tesis Doctoral. Universidad de Granada. (https://hera.ugr.es/tesisugr/15897448.pdf).

2009:
ROMÁN PUNZÓN, J. M. (2009): “Un asentamiento rural de época romana en la vega de Granada: el Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Granada)”. Anales de Arqueología Cordobesa,  20, pp. 231-256. (https://www.uco.es/ucopress/ojs/index.php/anarcor/article/view/6954).

2012:
CARRASCO RUS, J. y PACHÓN ROMERO, J. A. (2012): “Cerro de la Mora”, Dizionario Enciclopedico della Civiltà Fenicia (DECF), Roma. Edición electrónica.
ROMÁN PUNZÓN, J., PACHÓN ROMERO, J. A., CARRASCO RUS, J. y PASTOR MUÑOZ, M. (2012): La Cuenca Alta del Genil en época romana. El Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona, Granada. Monografías Arqueología. Junta de Andalucía, Sevilla.

2018:
PACHÓN ROMERO, J. A. y CARRASCO RUS, J. (2018): “Cerro de la Mora (Moraleda de Zafayona)”. Yacimientos Arqueológicos y Artefactos. Las Colecciones del Departamento de Prehistoria y Arqueología (I). Cuadernos Técnicos de Patrimonio, 7. Univ. Granada, pp. 83-86.


PARA SABER MÁS

1983:
PACHÓN ROMERO, J. A. y CARRASCO RUS, J. (1983): “Influencias fenicias en la Vega de Granada”. XVI Congreso Nacional de Arqueología (Cartagena, 1982). Zaragoza, pp. 479-488.

1992:
PACHÓN ROMERO, J. A. y CARRASCO RUS, J. (1992): “Un elemento concreto de la cultura material orientalizante en el Mediodía peninsular: los cuencos trípodes hallados en el interior de la provincia de Granada”. Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada 16-17 (1991-1992), pp. 325-351. (http://revistaseug.ugr.es/index.php/cpag/article/view/1306/1496).

2003:
RUIZ CABRERO, L. A. (2003): “El estuche con banda mágica de Moraleda de Zafayona (Granada): una nueva inscripción fenicia”, Byrsa, 1/2003, Bologna, pp. 85-106.

2006:
CARRASCO RUS, J. y PACHÓN ROMERO, J. A. (2006): “Sobre la cronología de las fíbulas de codo tipo Huelva”. Archivo de Prehistoria Levantina, XXVI, pp. 245-291.

2008:
PACHÓN ROMERO, J. A. (2008): “Más allá de Iliberri. Ibéricos en las depresiones occidentales granadinas”. I Congreso Internacional de Arqueología Bastetana (Baza, 7 al 10 de mayo, 2008), Serie Varia 9. Universidad de Granada y Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, pp. 247-265.

2009:
PACHÓN ROMERO, J. A. (2009): “El patrimonio ibérico de Granada en la Cuenca del Genil”. Revista de la Real Academia Nuestra Señora de las Angustias de Granada, 18 (2008), pp. 43-79.
PACHÓN ROMERO, J. A. y CARRASCO RUS, J. (2009): “La Mesa de Fornes (Granada) y la semitización en la Vega de Granada: la trascendencia de la puerta sur-suroeste”. Mainake, XXXI, pp. 353-376.

2011:
PACHÓN ROMERO, J. A. y CARRASCO RUS, J. (2011): “Acerca de la facies fenicia en el territorio occidental granadino. Una mirada desde el interior”, Antiquitas, 23, Museo de Priego de Córdoba, pp. 87-118. (https://drive.google.com/file/d/0Bz1J47_lbMqcQmtlM3pBUGtKYk0/view).